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Entrevistas

Josep Urbea: 'Hemos pasado de ser intuitivos a recibir demasiada información que no es real'

A finales de año abría sus puertas el nuevo Urbea Hairdresser Barcelona, en el corazón del ensanche barcelonés. Hemos hablado con Josep Urbea, pionero de la ciberpeluquería en los años 90, 'ilusionado' ante esta apertura


04/03/2019

Luminoso y muy acogedor. Así es el nuevo Urbea Hairdresser Barcelona, la última 'criatura' de Josep Urbea, uno de los peluqueros más veteranos de nuestro país. Urbea, quien se define como "fabricante de ilusiones y de moda", le ha dado un aire actual, sin dejar de rendir homenaje a una de las enseñas de peluquería muy popular durante los años 80 y que todavía va a dar que hablar a día de hoy. De hecho, en la recepción se ha aprovechado uno de los rótulos Urbea con más de tres décadas de historia.

Urbea vuelve a ser noticia y no oculta la "ilusión" que siente tras la apertura de este nuevo salón, hace apenas cuatro meses. En su momento, este afamado peluquero y empresario, testigo del encumbramiento que experimentó la profesión desde los años 70 a los 90, tomó la decisión de retirarse, aunque ahora ha regresado renovado y con muchas ganas. "Me gusta la peluquería pero no vivo para trabajar", dice durante la entrevista, recalcando que busca un equilibrio entre su faceta laboral y personal. "Quizás se deba a que soy Géminis. Me considero una persona de compartimentos estancos". Hemos hablado con él de sus proyectos y de una profesión 'complicada', que precisa de una mayor educación empresarial. "El gran error del peluquero es sobrevalorar algo que no dura, como es un corte de pelo", reconoce.

Josep Urbea

Para mí, es básico reprogramar el sector y destinar recursos a una serie de valores. Como la actitud y la vocación profesional de los futuros talentos de la peluquería.

Beauty Market: Hace apenas cuatro meses inauguró el nuevo Urbea Hairdresser Barcelona, en la calle Mallorca, 273, una zona privilegiada de la ciudad. ¿Qué supone para usted esta apertura, después de más de 40 años de profesión?
Josep Urbea: Ante todo, estoy muy ilusionado. Yo soy un enamorado de esta zona, del ensanche barcelonés. Durante muchos años, hemos tenido un salón Urbea en el Paseo de Gracia, 59. Me retiré, aunque poco después me arrepentí de esta decisión. Soy peluquero y echo de menos la profesión. Así que he decidido volver y con un nuevo proyecto: este local de la calle Mallorca.

B.M.: Un salón muy luminoso, acogedor y coqueto, con zonas privadas y compartidas. Incluso cuenta con su propia barber shop...
J.U.: Yo mismo me he encargado de decorarlo y estoy muy satisfecho del resultado. Me ilusionaba la idea de crear un salón luxury, aunque a precios al alcance de todos los bolsillos. Tengo un equipo muy preparado que ofrece el mejor servicio en un ambiente relajado, donde la clienta se siente a gusto. Que se puedan tomar un té o un café mientras les cortan el cabello o les hacen cualquier servicio de color.
Es un salón multiespacio, con estancias diferenciadas de peluquería, barbería, uñas y cabinas privadas para clientes exclusivos. Nuestro negocio sigue siendo la peluquería, aunque algunos clientes nos pidan algunos servicios de estética (masajes, depilaciones, tratamientos faciales y corporales, manicura y pedicura, etc.).
No puedo negar que este salón está bien situado, pero la localización no lo es todo. Es muy importante ser atento y tener detalles con los clientes.

Josep Urbea

No es fácil, pero es necesario encontrar este equilibrio. Saber aconsejar a un cliente y convencerle, pero sin que se llegue a sentir molesto. No es que tenga siempre la razón; pero si acude con una idea determinada será difícil que se haga otra cosa.

B.M.: ¿Y qué balance hace casi cuatro meses después? ¿Cómo está funcionando?
J.U.: Es un salón muy moderno, de calidad, completamente renovado. La gente evoluciona y cambia, por lo que los profesionales también nos debemos poner al día y adaptarnos a las últimas tendencias. De ahí que me gustaría destacar el ambiente agradable del local, para la clienta y el peluquero. Yo lo englobaría dentro de los salones de "inspiración", lo último en peluquerías.
Yo haría una valoración muy buena. Atendemos a clientes de toda la vida, desde que empecé como peluquero a los 20 años. Gente que ya nos conocía se ha enterado de que ahora estamos aquí, en la calle Mallorca. Pero insisto: debemos vivir de realidades. La peluquería es muy especial. La gente no cambia de peluquería así como así. Es un oficio muy especial, aunque si te ganas a la clientela, siempre los tendrás contigo. Ya contamos con un equipo de siete colaboradores. Poco a poco empezamos a hacernos un hueco en la zona.
Lo tengo muy claro. Este local va a ser el buque insignia de la marca Urbea. ¿Nuestra filosofía? Dar bienestar mientras cortamos el cabello.

B.M.: ¿Cuál es el servicio estrella y por qué?
J.U.: Desde siempre, el servicio estrella en una peluquería ha sido el corte, después, el color y los tratamientos. Ya no se llevan los peinados de larga duración, sino aquellos más naturales. Looks que no parezcan artificiales. Cuando tenía 14 años ya se decía: "Arréglame el pelo, pero que no se vea muy de peluquería". Al mismo tiempo, querían que les durara algo más.

Josep Urbea

Estoy convencido de que van a surgir nuevos creadores y talentos individuales que van a devolver su esplendor a la peluquería. Las nuevas generaciones tienen tendencia a avanzar y, seguramente, ofrecerán cosas nuevas que sorprenderán a los demás.

B.M.: Tengo entendido que hicieron una inauguración 'por todo lo alto', el pasado 22 de noviembre. La fiesta coincidió con la Shopping Night del año pasado, evento con el que ustedes colaboran desde hace años. Cuéntenos un poco como fue.
J.U.: Se acercaban las fiestas navideñas y todavía no habíamos elegido una fecha apropiada para festejar la puesta en marcha de nuestro salón. Finalmente, optamos por celebrarlo coincidiendo con la Shopping Night Barcelona, cuando las tiendas, restaurantes y bares del icónico Passeig de Gràcia y las calles colindantes abren hasta la madrugada. Calculamos que asistieron más de 1.000 personas desde las seis de la tarde hasta las tres de la mañana, momento en el que dimos por acabada la fiesta.
Es cierto, hemos colaborado con la Shopping Night Barcelona en ocasiones anteriores. Recuerdo que hace tres años pusimos unas 200 pelucas de Marilyn Monroe y otras artistas, lo que tuvo una gran repercusión en las redes sociales. Para mí fue todo un reto peinar y maquillar a más de 200 personas. En suma, una experiencia apasionante desde el punto de vista profesional.

B.M.: De cara a un evento de este tipo, ¿qué ambiente se respira entre bambalinas? ¿Qué se debe tener en cuenta?
J.U.: En primer lugar, yo aconsejo no perder los nervios. En segundo lugar, es necesario que todos los colaboradores estén muy bien organizados. El equipo debe ser muy disciplinado y capaz de rendir bajo presión. Hemos participado muchas veces en la antes conocida Pasarela Cibeles -ahora rebautizada como Mercedes-Benz Fashion Week Madrid-. En un mismo día, nos programaban de siete a diez desfiles en los que participaban entre 24, 32 o incluso 40 personas. Es decir, llegábamos a peinar de 200 a 300 personas durante una misma jornada.

Josep Urbea

La gente no cambia de peluquería así como así. Es un oficio muy especial, aunque si te ganas a la clientela, siempre los tendrás contigo.

B.M.: Sinceramente, ¿uno se llega a acostumbrar a un ritmo de trabajo tan frenético?
J.U.: Bueno, nunca te acabas de acostumbrar. Con disciplina y organización, todo se puede conseguir. Aquí entra en juego el nivel profesional de cada uno, y sinceramente, existen pocos peluqueros capaces de realizar este tipo de eventos en nuestro país. En el fondo, no deja de ser una cuestión de experiencia.
Aun así, a veces se producen sorpresas inesperadas. Colaboradores con los que no acabas de encajar, por ejemplo. Debes preocuparte de lo tuyo, de lo que quieres presentar y también de lo que desean los demás. Y, por supuesto, también se debe tener en cuenta el criterio del consumidor final, quien suele aportar los fondos necesarios para estos eventos. Sería algo así como intentar contentar a todo el mundo. No obstante, a nosotros nos ha ido siempre bien: no hemos recibido crítica alguna.

B.M.: Remontándonos en el tiempo, usted ha tenido la suerte de vivir una de las épocas doradas de la peluquería. Y coincidir con algunos de los peluqueros más conocidos de la profesión -Lluís Llongueras, Alberto Cerdán, Josep Pons, Raffel Pagés, entre otros-. ¿Qué recuerdos tiene de aquellos años? De entre los grandes de la peluquería, ¿con quién se lleva mejor?
J.U.: Sí, entre todos fundamos la Escuela de Barcelona. En el plató o sobre el escenario, cada uno de nosotros iba a la suya. Si uno publicaba un peinado en una revista, otro se ponía a crear y aparecía con otro, más efectista y exagerado. Continuamente estabas pendiente de quien salía o no en las revistas y el resto de los medios. Era apasionante y muy sano.
En aquella época, yo investigaba y experimentaba a partir de lo que hacían los demás, lo que intuía que se llevaría y, finalmente, lo que era tendencia. Llegué a mezclar la peluquería francesa, dulzona y suave, con la británica, geométrica y arquitectónica de Vidal Sassoon, y entonces aportaba mi propio estilo. Siempre he hecho lo que me ha parecido correcto en cualquier situación.
Mis demostraciones eran completamente imprevisibles. Cuando salía al escenario desarrollaba hasta tres estilos distintos: casual, elegante y vanguardia. Con el último exploraba mi lado más artístico con trabajos espectaculares de corte, color o recogido.
En general, me llevo bien con todos mis compañeros de profesión. Somos competidores pero, por encima de todo, grandes amigos.

Josep Urbea

Me ilusionaba la idea de crear un salón 'luxury', aunque a precios al alcance de todos los bolsillos. Tengo un equipo muy preparado que ofrece el mejor servicio en un ambiente relajado, donde la clienta se siente a gusto.

B.M.: ¿Qué aportaba Urbea a la peluquería de entonces?
J.U.: Yo me negaba a representar la típica peluquería sobre el escenario. Mientras cortaba el pelo, me acompañaban bailarines y cantantes que interpretaban temas de La Traviata, por ejemplo. Era como elevar la peluquería al nivel de una de las óperas más conocidas. Hasta entonces no se había visto nada igual. Debemos ser originales y atrevernos a innovar cuando salimos a escena. No es cierto que todo esté inventado: eso es una auténtica tontería. Queda mucho por hacer.

B.M.: En su opinión, ¿cómo ha evolucionado la peluquería?
J.U.: En aquellos momentos, nuestro punto fuerte era la improvisación y la capacidad de inventar cosas nuevas. Éramos muy intuitivos, porque incluso los grandes maestros no facilitaban sus trucos ni sus conocimientos. Nosotros nos preparábamos y aprendíamos a base de experimentar y trabajar en el salón, un día tras otro. Ahora hay mucha más información que entonces, pero esta última no es real. Me explico: hoy en día, los jóvenes pueden asistir a escuelas de peluquería, aunque lo interesante es que les formen profesionales que hayan trabajado en un salón. Profesores que hayan desarrollado el oficio durante años. En mi opinión, no es suficiente con presentar un título o un diploma.
Para mí, es básico reprogramar el sector y destinar recursos a una serie de valores. Como la actitud y la vocación profesional de los futuros talentos de la peluquería. En Cataluña se está intentando implementar el modelo alemán que impulsa la figura del aprendiz a través de unos grupos de trabajo en los 13 institutos de Educación Secundaria (IES) existentes. Es decir, cuatro horas teóricas de formación académica y cuatro horas prácticas, trabajando en un salón. Yo voy a colaborar en este proyecto, brindándoles mi apoyo. Espero que el resto del sector se sume a esta iniciativa.
Un oficio se debe aprender bien y para ello hay que pasar por un aprendizaje. No es suficiente con leer un par de libros o cortarle el pelo a cuatro maniquíes. Años atrás yo participaba en sesiones de 200 o 300 formadores en Madrid, a instancias del Ministerio de Educación y Cultura. Descubrí que no solo enseñaban técnicas de corte y peinado, pero nada de ventas ni cómo aconsejar a los clientes sobre el cambio de imagen que les podría interesar.

Josep Urbea con Anna León

B.M.: Una cosa es la moda y lo que se lleva; otra el cambio de imagen que le sienta mejor a esa persona. ¿Cómo se consigue el equilibrio entre ambos?
J.U.: No es fácil, pero es necesario encontrar este equilibrio. Saber aconsejar a un cliente y convencerle, pero sin que se llegue a sentir molesto. No es que tenga siempre la razón; pero si acude con una idea determinada será difícil que se haga otra cosa.

B.M.: ¿Cómo definiría la peluquería actual? ¿Qué situación experimenta?
J.U.: Es evidente cómo está el sector. Cuando yo participé en las últimas elecciones a presidente de la Moda de la Cámara Oficial de Comercio Industria y Navegación de Barcelona, ocho años atrás, había cerca de 15.000 peluquerías. No obstante, y de cara a la próxima convocatoria se baraja una cifra de 10.400 salones. Algunas han abierto y otras han bajado la persiana. Lo que se ha constatado es que abunda el autoempleo: sociedades que se forman entre dos, tres o cuatro trabajadores empleados de otra peluquería. No estamos en la mejor situación pero existe una salida. Estoy convencido de que van a surgir nuevos creadores y talentos individuales que van a devolver su esplendor a la peluquería. Las nuevas generaciones tienen tendencia a avanzar y, seguramente, ofrecerán cosas nuevas que sorprenderán a los demás.

 
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