Desde hace relativamente poco tiempo estamos leyendo noticias sobre el hecho de que las células madre pueden solventar muchos de los problemas capilares que padecemos, especialmente la alopecia.

Las investigaciones apuntan a que queda ya muy poco tiempo para dar con la solución definitiva al problema de la no regeneración capilar. En los últimos meses, diferentes universidades y centros de investigación han publicado sus estudios y todos inciden en que están a un paso de conseguir el tan ansiado crecepelo universal.

¿Qué son las células madre?

A modo de introducción, diremos que la llamada célula madre es una célula genérica que puede, o bien autorrenovarse a través de divisiones mitóticas (división celular que reparte equitativamente el ADN y como consecuencia se forman dos células hijas exactas a la madre) o, por otro lado, seguir con la diferenciación y producir células especializadas para diferentes tejidos del cuerpo. Existen de dos tipos de células madre, las embrionarias, que se obtienen de fetos u óvulos fertilizados y pueden producir células para casi todos los tejidos del cuerpo, o las adultas, específicas para producir ciertos tipos de células como sangre, piel y músculo.

Las células madre pueden ser claves en la curación de enfermedades como el parkinson, alzheimer, diabetes, enfermedades hematológicas, infartos cardíacos, miopía, y en enfermedades o regeneraciones relacionadas con la piel y el cuero cabelludo.

El estado real de las investigaciones centradas en la alopecia

Actualmente se están explotando varías vías de investigación sobre células madre para conseguir el crecimiento del cabello, aunque todas parten de la misma base, que es el estudio del ciclo de vida del cabello.

Se sabe que los folículos pilosos pasan por tres etapas durante su ciclo vital, y se suceden simultáneamente en diferentes partes del cuero cabelludo. Son la fase anágena (crecimiento), catágena (de transición) y telógena (de reposo). El pelo cae entre las fases telógena y anágena, ya que cuando el nuevo pelo empieza a crecer, empuja el anterior hacia fuera.

En la alopecia, el ciclo de vida del cabello se ralentiza por el agotamiento u obstrucción del folículo piloso, y es incapaz de producir un nuevo cabello tras la caída del último. Es decir, el folículo se queda estancado en la fase telógena y no puede pasar a la fase anágena.

Las últimas investigaciones han descubierto que un individuo con alopecia continúa teniendo células madre en la raíz de sus folículos y, por este motivo, se estudia el porqué han perdido esta capacidad de promover el crecimiento del cabello y cómo volverlos a estimular para que pasen de nuevo a una fase anágena.

Se ha comprobado en ratones que las células madre de estos folículos necesitan recibir señales de la piel para saber cuándo es el momento de que crezca el cabello. La pregunta que se hacen es ¿cómo conseguir reproducir estas señales?

En las investigaciones, siempre con ratones, se ha descubierto que estas señales provienen de los adipocitos (células del tejido adiposo). Inyectaron sobre roedores alopécicos células adiposas de ratones sanos y se consiguió, en dos semanas, que les comenzara a crecer el pelo. Se descubrió que estos adipocitos precursores producían un compuesto químico (llamado factor de crecimiento derivado de plaquetas) a una velocidad 100 veces mayor que el nivel de las células locales, promoviendo el crecimiento del pelo de los ratones en el 86% de los folículos.

Ahora se estudia si las señales químicas emitidas por los adipocitos precursores, inyectadas a los ratones, sirven en los humanos o si se tienen que identificar otros compuestos químicos involucrados en el procreso de regeneración capilar. Además de descubrir el estímulo que necesitan las células madre para volver a activarse, se estudia si existe algún inhibidor en el cuero cabelludo que impida que las señales lleguen a su destino.

Avances en apenas siete años

Uno de los argumentos que sostienen los investigadores para predecir que en un corto período de tiempo tendrán la solución contra la alopecia, es que en muy pocos años se ha avanzado mucho en esta dirección.

Fue en 2004 cuando Elaine Fuchs, directora del Laboratorio de Biología Celular de Mamíferos en la Universidad Rockefeller de Nueva York, aisló células madre de ratones y observó que estas células conservaban la capacidad de diferenciarse en piel y folículos.

En 2005, Catherine Thompson, investigadora genética de la Universidad norteamericana John Hopkins, logró regenerar en los ratones los folículos atrofiados. En este caso se utilizó el gen Hairless, cuyas mutaciones causan la llamada alopecia universal (eliminación del cabello, cejas, pestañas y vello corporal). La genetista demostró que la alopecia se debía a la atrofia de los folículos pilosos y que bastaba reactivar el Hairless en la piel para regenerarlo. Esta técnica se basaba en la introducción de un gen artificial en el ratón, por lo que no era aplicable a las personas.

La gran revolución en esta vía de investigación se produjo en 2007. George Cotsarellis, un dermatólogo de la Universidad de Pensilvania, consiguió con células madre lo que Thompson hizo con un gen artificial: hacer crecer el pelo en ratones.
El descubrimiento fue, en parte, fruto del azar. Cotsarellis estaba investigando qué ocurría con las células madre del folículo tras una herida. Para ello, causó lesiones profundas en la espalda de unos ratones. Para su sorpresa, las zonas heridas se poblaron de cabello, demostrando que en procesos de curación de heridas profundas se regeneraban tanto la piel como el pelo.

Cotsarellis patentó este proceso y creó la empresa Follica. Fue el primero que descubrió que los folículos en las zonas calvas del cuero cabelludo tienen tantas células madre como las áreas con pelo, y que el problema era descubrir cómo se activaban estas células madre.

A partir de aquí se sucedieron las investigaciones en este campo. En 2011 ya se han publicado grandes avances en esta materia. Así, Valerie Horsley, de la Universidad de Yale, descubrió que son las células madre presentes en el tejido adiposo del cuero cabelludo las que envían las señales que activan las células madre dormidas del folículo. Sus investigaciones se centran ahora en conseguir que estas células del tejido graso emitan esas señales a las del folículo.

La empresa Histogen trabaja en un cóctel de factores de crecimiento y proteínas para estimular la formación de pelo nuevo. Sus principios activos son producidos por células madre cultivadas en un ambiente que simula el embrión, con poco oxígeno y gravedad baja.
Aderans Reseach Institute, por su parte, investiga extrayendo células de la base del folículo capilar de un área con pelo y transplantándolo en las zonas calvas del paciente.

Un mercado de muchos millones

El hecho de que tantos laboratorios y universidades estén investigando con células madre para conseguir un milagroso crecepelo 100% eficaz, tiene una lectura económica muy evidente. En todo el mundo, el negocio de los llamados productos crecepelos o anticaída mueve millones y millones de euros. En Estados Unidos, por ejemplo, sólo el 5% de pacientes con alopecia usa algún producto o tratamiento para intentar frenarla. Este escaso 5% mueve casi 8.000 millones de euros al año, y eso que no existe todavía un método eficaz.









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