Cambiar de nombre, modificar las fechas y renovar los objetivos no parece suficiente para cambiar una tendencia agónica que se prolonga desde hace años. Look Madrid, heredera de Salón Look, afronta 2026 con otra vez menos apoyo sectorial, 144 empresas expositoras según datos de su web, frente a las 164 de 2025 y las 407 que participaron en 2017. Son 263 expositores menos que hace nueve años, una reducción del 64,6 % que invita a mirar más allá de los cambios de imagen y de estrategia. La cuestión de fondo es si las transformaciones introducidas están respondiendo realmente a las necesidades de la belleza profesional o si, por el contrario, la feria continúa perdiendo capacidad para atraer a las empresas y a un público profesional que deberían sostenerla.

Una feria en constante caída libre

La evolución histórica ayuda a dimensionar el problema. En 2018 se contabilizaron 320 expositores y en 2019, 223. La edición de 2021 estuvo condicionada por la pandemia y registró 122 participantes. En 2022 se produjo una recuperación hasta los 219, pero no tuvo continuidad: en 2023 la cifra volvió a bajar a 188, hasta llegar a los 164 de 2025 y los 144 actuales. Aunque el repunte de 2022 tras el Covid, demuestra que la trayectoria no ha sido descendente en todos los ejercicios, el balance a largo plazo resulta inequívoco: la feria está muy lejos de la dimensión que llegó a alcanzar. Hay que comentar que este año perderá el pabellón 14 y resituarán a todos los participantes en un único pabellón, el número 12.

Ni la nueva denominación Look Madrid ni el desplazamiento de la celebración hacia finales de año parecen haber impulsado, por ahora, una recuperación de la masa expositiva, más bien todo lo contrario. Tampoco la redefinición de objetivos y el reposicionamiento del certamen se han traducido en un aumento sostenido de participantes. La renovación de una feria puede ser necesaria, pero su eficacia debe medirse por los resultados: empresas que regresan, nuevas marcas que se incorporan, profesionales que acuden y oportunidades comerciales que justifican la inversión. Cuando las cifras continúan retrocediendo, resulta legítimo preguntarse si el planteamiento actual es el adecuado.

La asistencia de público también merma y se diluye en demasiados días

A la pérdida de expositores se suma la preocupación por la asistencia de público. Según las consultas realizadas a distintas empresas participantes, la afluencia resulta irregular durante las tres jornadas y el sábado se ha convertido en el día más positivo para buena parte de los expositores consultados. El domingo, tradicionalmente una de las jornadas de mayor asistencia y uno de los días emblemáticos de Salón Look, parece haber perdido protagonismo. Si la actividad se concentra en una sola jornada, mantener tres días de feria puede resultar difícil de justificar para las empresas, especialmente cuando deben asumir los costes de desplazamiento, personal, alojamiento y espacio expositivo. Se trata de una percepción que merecería contrastarse con datos oficiales de visitantes desglosados por día.

La fecha es tardía y no ayuda el sector

El calendario constituye otro punto de fricción. La celebración a mediados de noviembre plantea dudas entre los expositores que consideran que la fecha llega tarde para presentar novedades, activar pedidos y generar ventas con suficiente recorrido dentro del ejercicio. Una feria profesional no solo debe reunir a las marcas y a los visitantes, sino hacerlo en un momento comercialmente oportuno. Si las empresas no encuentran una correspondencia entre las fechas, sus necesidades de negocio y el retorno de su inversión, la participación pierde atractivo. El cambio de calendario puede responder a distintas razones organizativas, pero sus resultados deben evaluarse también desde la perspectiva de quienes pagan por estar presentes.

En este contexto, el desplazamiento de las fechas alimenta la percepción de que el certamen ha perdido peso dentro de las prioridades feriales de IFEMA. No puede afirmarse que esa sea la causa directa del descenso, ni atribuir toda la pérdida de participación a una única decisión. Sin embargo, la evolución de las cifras y las objeciones comerciales expresadas por parte de los expositores justifican una reflexión sobre la relación entre la organización y el sector. Recuperar la confianza exige escuchar a las empresas, comprender qué esperan de la feria y valorar si el calendario y el formato actuales responden a esas expectativas.

Una renovación de maquillaje

Look Madrid necesita algo más que una nueva identidad o una reformulación de sus metas. Necesita demostrar que puede recuperar capacidad de convocatoria, ofrecer un entorno comercial atractivo y volver a ser una cita relevante para la belleza profesional. La especialización y la calidad de los contactos son importantes, pero deben traducirse en resultados tangibles para las marcas participantes. De lo contrario, la renovación corre el riesgo de quedarse en un cambio de presentación sin una transformación efectiva de los resultados.

Una feria profesional no se mide solo por su nombre, su ubicación o sus objetivos declarados, sino por la confianza que genera y por el valor que aporta a quienes participan en ella. Después de años de pérdida de masa expositiva, la pregunta ya no es cuántos cambios puede introducir Look Madrid, sino qué medidas concretas pueden devolverle el atractivo perdido.

¿Conseguirá IFEMA revisar el modelo, el calendario y la propuesta comercial de Look Madrid para frenar el retroceso y recuperar el respaldo del sector?

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