En un mundo cada vez más dominado por la imagen física, el cuidado de la estética se ha convertido en una de nuestras prioridades. Productos para el cabello, cremas hidratantes, maquillajes, etc. son cosas que nunca faltan y que se han vuelto imprescindibles para nuestra higiene diaria. Conscientes de ello, los fabricantes se vuelcan cada vez más en comercializar productos naturales menos contaminantes. Hablamos de la cosmética biológica, un mercado en alza que se basa en artículos procedentes de los entornos más ecológicos. No obstante, si tenemos en cuenta el volumen de empresas que han ido apareciendo en este sector en todo el mundo, podemos decir que España se encuentra entre los países donde menos ha crecido el número de marcas que se dedican a la fabricación y distribución de estos productos.

Los cosméticos ecológicos no emplean materias primas derivadas del petróleo; tampoco procedentes de animales sacrificados. Además, se prueban dermatológicamente sobre personas. Un champú ecológico no es aquel que contiene aloe vera, manzanilla o té verde. El principio activo natural puede ser un componente muy minoritario dentro de una base formada a partir de conservantes, colorantes, perfumes artificiales y parafinas.


Cuidado con la etiqueta

La normativa española sobre cosméticos no permite la utilización de sustancias cancerígenas, mutágenas o tóxicas. Sin embargo, en las etiquetas de muchos envases aparecen los nombres de ciertos ingredientes peligrosos, pero que en pequeñas cantidades están permitidos. El ejemplo más citado es el de los parabenos, que modifican el funcionamiento normal de las hormonas. Los cosméticos ecológicos, en cambio, carecen de componentes irritantes o dañinos, por lo que no causan alergias, irritaciones u otros problemas de salud. La nueva legislación europea sobre registro, evaluación y autorización de sustancias químicas (REACH) obliga a las empresas de cosméticos a informar sobre los posibles riesgos para la salud y el medio ambiente de sus productos.

Soil Association en Inglaterra, Ecocert en Francia –también con una sucursal en España, Ambicert, desde hace un par de años–, BDIH en Alemania y Demeter, que ha creado a nivel mundial una importante red de organizaciones de garantía, certifican, en la actualidad qué cosméticos se han elaborado gracias a los resultantes de la agricultura biodinámica.

Los cosméticos ecológicos más demandados tienen que ver con la higiene personal: champús, geles de baño, cremas corporales, dentífricos, leches limpiadoras, tónicos, peelings, cremas hidratantes, así como los artículos específicos para el cuidado de bebés.

La cosmética ecológica nos ofrece productos 100% biodegradables y por lo tanto respetuosos con el medio ambiente.

Los beneficios de la cosmética ecológica son:

  • Seguridad: son sometidos a un control alto de calidad.
  • Eficacia y ausencia de efectos nocivos.
  • Precio equivalente al resto de productos cosméticos.
  • Textura, perfume y aspecto agradables.
  • Imagen de autenticidad y simplicidad frente a las grandes marcas.
  • Sus sustancias vegetales estimulan la capacidad natural de la piel para regenerarse.
  • Valores ecológicos que implican su utilización: las plantas utilizadas se cultivan sin pesticidas ni herbicidas, por lo que su proceso de transformación no contamina al medio ambiente.

Naturalmente natural

Si este tipo de cosmética se empeña en utilizar los productos de la naturaleza única y exclusivamente en sus fórmulas, es porque estiman que estos ingredientes son suficientes para generar los mismos efectos que se consiguen con la convencional. Las ventajas que tiene la cosmética ecológica sobre la tradicional es que es una línea 100% natural, sin conservantes químicos. Los productos se mantienen gracias a conservantes naturales.

Su caducidad es menor que la de las grandes marcas, sin embargo, raramente causan reacciones alérgicas. Precisamente ésta es una de las cuestiones más importantes para los adeptos a este tipo de productos. Además, en la cosmética tradicional no suelen informar del origen de sus componentes, por lo que no se puede probar del todo que sean inocuos para nuestra salud. La idea de crear productos ecológicos surge ante la necesidad de las personas de obtener un producto 100% natural.


En pro de la ecología

Hoy en día vivimos alarmados por los terribles augurios que los expertos en medio ambiente hacen de lo que le está pasando y le va a pasar a nuestro planeta. Sin duda, cuidar de él es una tarea que cada vez nos incumbe más y que todos deberíamos tener muy en cuenta. Y qué mejor manera que eliminar los elementos químicos contaminantes que se emplean indiscriminadamente en algunos maquillajes, cremas o geles. Esto es lo que debieron pensar quienes empezaron a tomarse en serio esta cuestión. ¿Por qué no una base natural sin añadidos? Este es el pilar básico de la cosmética biológica.

Pero además de cuidar de que sus componentes sean totalmente naturales, esta cosmética también se centra en otros aspectos como la agricultura sostenible, la reducción energética y un envasado ecológico, para hacer que sus productos sean un modelo para un mundo más limpio. Aunque en la cosmética convencional se hayan reducido el número de factores contaminantes, como es el caso de la desaparición del clorofluorocarburo, más conocido como CFC, tan perjudicial para el ozono, desde el punto de vista ecologista no es suficiente. Por ello, desde este sector se ve con muy buenos ojos que la cosmética biológica sea un valor en alza.

Fabricantes y publicistas saben que la palabra "natural" vende y justifica el sobreprecio. La cosmética ecológica, al ser de calidad, es más cara, por regla general que la cosmética tradicional, considerada de gama más baja. Pero las hierbas salvajes, las babas de insectos o las placentas de cetáceos no siempre son tan "verdes" en esencia como asemejan en apariencia; la mayoría llevan petroquímicos, en ocasiones perjudiciales.

Alemania y Francia son países que tienen una sólida experiencia en este tipo de productos, en contraposición con los productores de cosmética en España, donde aún es un mercado incipiente.









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