El cacao: regalo para los sentidos
Vivimos una época que combina sin ningún complejo el uso de los avances tecnológicos con la vuelta al uso de materias primas en su estado más puro.
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Pilar Álvarez Palmeiro
Nueva Visión
Vivimos una época que combina sin ningún complejo el uso de los avances tecnológicos con la vuelta al uso de materias primas en su estado más puro. Desde hace varias décadas los laboratorios cosméticos han dedicado sus esfuerzos a conseguir sintetizar los principios activos más utilizados e incorporarlos a vehículos, como los liposomas o las ceramidas, de gran poder de penetración en la piel. Y, sin embargo, cada vez llaman más la atención los tratamientos que utilizan directamente la materia prima. Me estoy refiriendo por ejemplo a los tratamientos con cacao.
La Chocoterapia triunfa y, sin dejar de lado otros cosméticos más sintéticos, es demandada no sólo por sus efectos estéticos sino por la carga de sensualidad (entendida como disfrute de los sentidos) que conlleva. ¿Qué tiene el cacao que nos vuelve locos?
Realmente no es casualidad que recurramos a los bombones o las tabletas de chocolate cuando nos sentimos "depres". En general, el consumo de cacao mejora el ánimo y esto es gracias a que contiene una sustancia denominada Teobramina que induce la producción de beta-endorfinas. Estas hormonas son las responsables directas de las sensaciones de tranquilidad, relajación y felicidad. Un capricho para los sentidos.
Pero además, el cacao contiene pequeñas cantidades de otras sustancias endorfínicas. De ahí que al entrar en contacto con él la reacción inmediata sea placentera:
- • Triptófano. Vinculado en la producción de serotonina (vinculada al éxtasis emocional).
- • Phenylethylamine. Estimula los centros del placer.
- • Anandamine. Neurotransmisor que mantiene los efectos antes citados durante más tiempo.
Para que se produzcan estos efecto, por supuesto que tenemos que asegurarnos de que el producto en cuestión (el cosmético en este caso) no sólo parezca o huela a chocolate, sino que contenga cacao puro en un elevado porcentaje. Quizá, en una sociedad que ha conseguido hacer de la higiene y la asepsia un objetivo prioritario, sentir sobre la piel el contacto suave y caliente del chocolate fundido nos remita a nuestros orígenes, donde el contacto con la naturaleza y con los elementos era diario, y haga desaparecer el estrés. Lo mismo ocurre con los tratamientos a base de miel, lavanda, vino, leche, etc.
Es una tendencia cada vez más extendida en los salones de estética y con más adeptos entre el público. Casi nadie se resiste y, en general, todos necesitamos mimarnos un poco más. En todo caso y, aparte de sus efectos psicológicos, está demostrado que el cacao contiene sustancias lipolíticas, anticelulíticas y adelgazantes que lo convierten en un eficaz tratamiento corporal. Así que ya no podemos pedirle casi nada más. ¡Ah sí!, que ingerido no engorde.
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