La buena utilización de los productos en el lavacabezas
Algunas recomendaciones que pueden marcar la distinción entre una buena peluquería y una peluquería excelente
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¿Qué ocurre cuando lavamos el pelo en la peluquería? ¿Los productos son los adecuados para el tipo de cabello a tratar? ¿Qué tiempo de exposición es el adecuado? ¿Qué podemos hacer para mejorar la calidad del cabello del cliente? ¿Es necesario informar al cliente de lo que le vamos a aplicar?
El ideal que debemos enseñar e inculcar en cada centro de peluquería es que al menos haya una persona, que puede ser el director/a del centro, que tenga el conocimiento suficiente para determinar, según el tipo de cabello de cada cliente, los productos adecuados a utilizar durante la sesión (por ejemplo, en los casos de cabellos teñidos, porosos, muy porosos, con puntas abiertas, lo resolveríamos con la mascarilla Fluibel). Es una manera de asesorar y, por tanto, dar calidad y prestigio a nuestro salón. Se trata de un detalle que no es trivial: dado que el asesoramiento es muy importante, cuando no esencial, en esta profesión puede marcar la distinción entre una buena peluquería y una peluquería excelente. Por lo tanto, la figura del asesor puede ser una buena estrategia para satisfacer todavía más a nuestros clientes.
Asimismo, podemos diseñar un sistema de fichas donde anotaremos un primer diagnóstico del tipo de cabello, posibles alergias, etcétera. De este modo, al llegar al lavacabezas, tendremos adelantada una parte importante del trabajo, como es saber el producto a utilizar y la cantidad a poner, lo que demostrará nuestra preparación previa y profesionalidad.
Debemos recordar que al cabello hay que quererlo, pero no asfixiarlo con exceso de producto. Cantidad y calidad no van de la mano y menos cuando se trata del cuero cabelludo, que con dosis elevadas de productos puede llegar incluso a irritarse. Con la cantidad adecuada de loción conseguiremos limpiarlo y que brille de forma sana. También es importante la duración del masaje y conseguir la relajación del cliente, por ello deberíamos crear un espacio y ambiente adecuados para asegurarnos dicho relax.
¿Qué podemos hacer para conseguirlo? Uno de los primeros pasos a seguir puede ser dedicar de seis a 10 minutos al cuero cabelludo, haciéndole un masaje circulatorio donde incluiremos la aplicación de la mascarilla y champú. Se trata no sólo de lavar el pelo, sino de crear la sensación de tranquilidad, relax y paz en todo nuestro servicio.
Hay que recordar que el masaje capilar tiene un gran poder de relajación y con él se puede conseguir una gran desconexión mental y que el cliente relaje todos los músculos del cuerpo. Éste es el momento más íntimo, donde más mimo puede recibir el cliente, cuando nuestras manos con su labor se convierten en las grandes protagonistas. Este espacio de relajación es fácil de crear y con pocos recursos podemos convertirlo en el ambiente deseado. Para ello, es necesario no olvidarse de los pequeños detalles. La luz, por ejemplo, no debe dar directamente a los ojos del cliente y será preferible trabajar con el mínimo ruido, para crear la máxima conexión con la persona. Nos aseguraremos de su máxima comodidad, de la postura idónea y de la correcta graduación del lavacabezas, y antes de aplicar directamente el agua, probaremos la temperatura ideal, si fuera necesario preguntando al mismo cliente. Podremos comprobar si hemos realizado un buen trabajo una vez finalizado el masaje, y en general, el tratamiento.
Con todas estas medidas lograremos un espacio confortable y agradable, y de esta forma, conseguiremos el estado óptimo del cliente: que esté cuidado, relajado y contento.
La mejor respuesta ante la crisis es, ante todo, el trato especial individualizado, sin olvidarnos de actuar con el máximo rigor profesional y la actitud e intención de embellecer por dentro y también por fuera: con la delicadeza del que está trabajando al servicio del cliente y para el cliente.
Un cabello bien cuidado es sinónimo de un cliente fidelizado.
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