Tras más de tres décadas formando profesionales de la peluquería, Miguel Griñó lo tiene claro: el profesor debe contagiar ilusión y pasión por la profesión. Y si bien existen cualidades latentes, que escapan a cualquier temario académico, es posible hacer de cualquier alumno un buen profesional de la peluquería. Algo de lo que está convencido. Su última incursión es la Peluquería Creativa de Autor (P.C.A.) con la que se saca partido a las emociones de la clientela. "Es necesario olvidar los sueños artísticos del peluquero. La clienta busca un cambio de imagen que la favorezca y con el que se sienta a gusto".

Beauty Market: ¿Qué se siente tras recibir el Best Continental Academy Europe, de manos de Intercoiffure Mondial? ¿Cómo ha influido este reconocimiento en el centro?
Miguel Griñó: Siento mucha emoción y satisfacción. Considero este premio un reconocimiento a los 31 años de esfuerzo en la enseñanza al frente de mi escuela. Más de tres décadas formando a buenos profesionales de la peluquería y colaborando en su desarrollo personal. Este galardón europeo nos ha motivado para ser los mejores. Nuestros alumnos están encantados de pertenecer a la mejor escuela de peluquería de Europa.

B.M.: Tras más de tres décadas formando en peluquería, ¿qué balance hace del centro que usted dirige?¿Cómo ha evolucionado desde sus inicios?
M.G.: No tiene nada que ver la pedagogía actual con la que había cuando empecé. Se ha producido una evolución constante, en busca de lo mejor en términos de enseñanza. Los inicios se dieron de la mano de Pivot Point y la Geometría en el Espacio. Después, se incorporó el Visagismo y el Total Look de Claude Juillard, la Comunicación Interactiva y el Diagnóstico Emocional. Lo más actual y novedoso es la P.C.A., la Peluquería Creativa de Autor. Estoy muy orgulloso de nuestra evolución porque hemos contribuido a elevar el nivel profesional. Así me lo demuestra el cariño de mis ex alumnos y de muchos profesionales hacia nosotros.

B.M.: Hablando de la Peluquería Creativa de Autor, ¿en qué consiste? ¿Se puede impartir algún tipo de enseñanza en un área tan personal?
M.G.: La P.C.A. es mi último trabajo pedagógico. Tras estudiar a fondo las necesidades emocionales de los clientes, me di cuenta de una cosa. En peluquería no se entendía correctamente que la técnica debe ser perfecta pero al servicio de las emociones de la clientela. Hay que olvidar los sueños artísticos del peluquero. Es necesario entender que la clienta no quiere que le hagan una obra de arte en el cabello. Simplemente, ella acude al salón para que le favorezca y se sienta a gusto con el servicio que le hagan. Esta idea, que parece simple, es de una profundidad infinita. Con la P.C.A. intento cambiar el concepto del peluquero de forma que profundice en las emociones personales de cada clienta. Así, pretendo que se le haga el peinado y se la favorezca con los cinco elementos de diseño y las dos energías. Se trata de unos protocolos de actuación con los que entender algo muy profundo que el ser humano lleva en sus genes.

B.M.: ¿Qué nos puede decir acerca de la Barber Shop School incluida en su programa formativo? Sin duda, el resurgir de la barbería habrá tenido mucho que ver...
M.G.: Hace 20 años, cuando la barbería aún se hallaba en el concepto de peluquería para caballeros o unisex, aposté por la Barber School Total creando una formación más profunda y técnica que ayudara a resurgir el sector.
Lo que ha sucedido con la barbería es un hecho apasionante. Hablamos de la evolución emocional del yo masculino (yang). Los roles de la seducción han cambiado. Ahora, el hombre necesita seducir más que nunca con su imagen externa (más yin) para reafirmar su poderío delante de la nueva fuerza femenina. Este es el éxito de la nueva barbería.

B.M.: Más de 15.000 alumnos han pasado por sus aulas. En su opinión, ¿existe alguna característica o cualidad innata al profesional que no se pueda enseñar en una academia?
M.G.: Puedo decir que he visto de todo. Desde el alumno que capta rápidamente las materias, al voluntarioso, pasando por el que carece de vocación y el que no le gusta la profesión. No hay malos alumnos. Lo importante es disponer de buenos profesores que transmitan ilusión y pasión por el oficio. Hemos conseguido que alumnos inscritos con poca motivación se enamoraran de la peluquería.
Podemos convertir a un alumno en un buen profesional aunque existen cosas innatas que no se pueden enseñar. Por ejemplo, el feeling, la creatividad, etc. Con la P.C.A ayudamos a desarrollar estas cualidades.

B.M.: En una entrevista aseguró que la peluquería es "una profesión artesana que se debe mantener y mejorar". ¿A qué se refería exactamente? ¿Es compatible esta visión con las facetas más técnicas vinculadas a este oficio?
M.G.: Sí lo es. La peluquería es y será artesanía pura. El día que se quieran hacer cortes, lavados y coloración de forma no manual, dejará de ser lo que es. Hablaremos de un servicio frío, nada personalizado. Algo así como el que desempeña una máquina de cafés. El placer de ser peluquero reside en las manos que crean formas, volúmenes, textura, colores y líneas. Todo ello genera belleza, ilusiones y sueños. ¿Existe una profesión más bonita? Imposible.

B.M.: En general, ¿qué opina de la situación del sector en nuestro país? ¿Cree que se halla al mismo nivel del resto de Europa?
M.G.: Desde el punto de vista artístico, no tenemos nada que envidiar. Contamos con los mejores profesionales del mundo. La evolución de la peluquería es compatible con la de la sociedad. En nuestro país llevábamos años de retraso. Ahora nos hallamos casi al mismo nivel de otros países europeos. La crisis ha afectado pero el cambio social ha sido más importante que la crisis. El hecho de no adaptarse al cambio causa problemas.
Aunque la clienta espacie más los servicios, exigirá calidad máxima. En el salón, pedirá que respeten sus emociones. Reventar los precios no es bueno: rebaja la calidad. Y en consecuencia, el de la profesión, en general. Hay que invertir en subir el nivel profesional para ser el mejor.

B.M.: ¿Cómo descubrió que quería ser peluquero? ¿Fue algo vocacional o sucedió por azar?
M.G.: Yo provengo de una familia de peluqueros. Aun así, el azar me ha conducido hasta donde estoy. Empecé la carrera de magisterio pero entonces el destino me cambió la vida. Fui peluquero durante 24 años. Posteriormente, abrí mi escuela y me inicié en el campo de la enseñanza. No sé si fue cosa del azar, quizás el destino esté escrito. De ser así, me siento muy contento con esta tarea.

B.M.: Y ya para acabar, ¿cuáles son sus principales retos para el año que viene?
M.G.: El mismo reto de hace 31 años: convertir a mis alumnos en buenos peluqueros. Y por supuesto, hacer que sean felices a través de esta profesión. Mi desafío para el año que viene será la consolidación de la Peluquería Creativa de Autor.









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