Que Gonzalo Zarauza se ha convertido en uno de los imprescindibles de la industria, eso, nadie lo duda. Figura emblemática, no solo por su magia, arte entre las manos en el manejo del cabello, sino por sus cualidades innatas que traspasan lo profesional para hendir en lo humano, Zarauza es puntal. Ciertamente un faro por cuya luz dejarse abrigar. Y así lo ha sido desde el principio, desde hace 30 años, las tres décadas de Centro Beta, su centro de formación el cual ha acogido a generaciones enteras de estudiantes interesados en el aprendizaje y comprensión de la Imagen Personal.

2020 le trajo este feliz cumpleaños, a la espera de celebrarlo por todo lo alto al fin de la pandemia. Momento en el que lo hará rodeado de alumnos, que se cuentan a centenas. Y por supuesto de sus amigos, compañeros y familia, ésta un pilar fundamental para Gonzalo, compañeros en el viaje de su vida. Hablamos principalmente de otros dos profesionales insignes, Ziortza Zarauza, su hija y Álex Azurmendi, su pareja. Ambos en el mismo barco, junto a Gonzalo dirigiendo Centro Beta, y los dos a su vez, maestros en peluquería, artistas del cabello multipremiados y alabados por la crítica.

Y por supuesto, nos referimos también a los padrinos de esta tan especial onomástica, todos correligionarios y amigos. Léase, Iñaki Sagarzazu, distinguido peluquero; Manuel Mon, a quien le une una especial amistad, una de las mayores figuras de la peluquería actual; Luis Romero, al frente de Intercoiffure España, introductor en nuestro país del método Pivot Point; la famosa maquilladora y estilista De María y la experta y directora de formación de Montibello, Susana Serrat.

Dedicarse al mundo de la peluquería requiere formación continua, tesón, ilusión, motivación interna y olvidarse del reloj y de las jornadas reducidas. Si no es así, mejor dedicarse a una profesión menos exigente.

Beauty Market: 30 años de permanencia y éxito, ¿cuál es el secreto?
Gonzalos Zarazua: ¿Secreto? No hay secretos (sonríe). Lo que sí hay es visión, detección de necesidades y trabajar con mucho entusiasmo. Si a todo esto le sumas que tu proyecto es bien recibido desde el minuto uno, la fiesta está completa.

B.M.: ¿Por qué la imagen personal?
G.Z.: Mi madre era peluquera, y siempre me llamaba la atención lo diferente que yo veía a sus clientas cuando salían recién peinadas. Con el tiempo, me di cuenta de que la imagen de las personas va mucho más allá de estar guapas. Esta es una auténtica herramienta de comunicación y, de todos los elementos que la componen, la peluquería es, creo yo, de los más importantes.

B.M.: ¿Cuánto de peluquero y cuánto de formador hay en Gonzalo Zarauza?
G.Z.: Creo que es un porcentaje variable. Depende de la actividad que deba hacer en cada momento. Pero te aseguro (se detiene), que no sería capaz de renunciar a ninguna.

B.M.: Lo más difícil hasta el momento.
G.Z.: Para mí, lo más difícil ha sido la gestión de la empresa y del equipo. Nunca me preparé para ello; todo lo he ido resolviendo gracias al sentido común, a la pura experiencia. No obstante, me he dado cuenta de que eso no es suficiente. Como en otras áreas, la preparación es fundamental.

En el aniversario número 30, hacer algo virtual para un acontecimiento tan importante no nos apetece. Esperaremos lo que haga falta para celebrarlo en condiciones.

B.M.: Tu mayor gratificación.
G.Z.: El haber podido vivir de mis dos grandes pasiones: la peluquería y la enseñanza. He disfrutado mucho con mi trabajo, tanto que no me parecía trabajo. Creo que no hay mayor gratificación.

B.M.: El resumen de estas tres décadas.
G.Z.: ¡Guau! (exclama) Qué difícil hacer un resumen. Como decía Mario Benedetti (suspira): "Cinco minutos bastan para soñar toda una vida". En mi caso, no sé si son 30 años, cinco minutos o un suspiro; pero lo cierto es que estoy aquí, en la estación número 30 de un viaje que ha sido supersónico. Estoy convencido de que mi percepción del tiempo ha ido cambiando a lo largo de todos estos años. En el inicio de los proyectos, nos empeñamos en correr y, luego, queremos lo contrario: aminorar el ritmo para disfrutar mucho más de la vida. Si echo la vista atrás y analizo los recuerdos, me doy cuenta de que lo más importante de este viaje han sido las personas: clientes, alumnos, proveedores y compañeros de profesión que, con el tiempo, se han convertido en verdaderos amigos.

B.M.: Centro Beta, ¿cuál sería su definición?
G.Z.: Desde el principio, Álex y yo quisimos darle la máxima importancia a la metodología. Tuvimos la gran suerte de contar con el apoyo de Luis Romero, quien nos hizo partícipes de la llegada de Pivot Point a España. A mi entender, esa es la mejor metodología que existe para la enseñanza de la peluquería. En este sistema, encontramos todo lo que veníamos buscando, y, por ello, es uno de nuestros pilares. El trato al cliente, la atención al público, las ventas, la asesoría de imagen, etc. también se convirtieron en algunas de nuestras señas de identidad.

Si echo la vista atrás y analizo los recuerdos, me doy cuenta de que lo más importante de este viaje han sido las personas: clientes, alumnos, proveedores y compañeros de profesión que, con el tiempo, se han convertido en verdaderos amigos.

B.M.: Decenas, centenas de graduados, ¿qué se siente?
G.Z.: Una satisfacción enorme. Realmente, es muy emocionante encontrarte con auténticos profesionales que, en su día, fueron alumnos. Hace poco, ha venido a Centro Beta un exalumno para impartir un curso de peluquería masculina a los que, en su momento, fuimos sus profesores. ¡Esto es maravilloso! ¿O no? (Nos hace un guiño).

B.M.: ¿Qué diferencia a las primeras generaciones de las últimas?
G.Z.: La diferencia es como el agua y el vino. Los adolescentes de 2021 no tienen nada que ver con los de 1991. Hoy, en su mayoría, ellos tienen valores diferentes, todo tiene que ser rápido y el "aquí y ahora" es su bandera. Esta filosofía de vida choca mucho con la peluquería, que solo se puede aprender poco a poco; sin prisa, pero sin pausa.

B.M.: ¿Cómo se ha adaptado vuestro plan curricular con el paso del tiempo?
G.Z.: La peluquería ha dado un paso de gigante y, en gran parte, ha sido porque los planes formativos se han ido adaptando a las nuevas necesidades. Atrás quedó el método de ensayo y error, la improvisación en los servicios y el desconocimiento de la influencia de la física, la química, la geometría, la fisiología, entre otros campos sobre el cabello y, por extensión, sobre toda nuestra actividad diaria como profesionales. Superada esa primera fase de conocimiento, se nos presentan otros retos, nuevas necesidades que cubrir: técnicas de ventas, promoción y márquetin, asesoría de imagen, etc.

B.M.: ¿30 años más?
G.Z.: ¡Uf! No estoy seguro. A mí me encantaría que este proyecto tan bonito y que tan felices nos ha hecho continuara, pero nunca se sabe. Lo único que tengo claro ahora es que yo no lo veré. Tengo ya una edad en la que pienso en la jubilación, así que, aunque creo que nunca me desligaré del todo de la profesión, sí pienso vivirla de otro modo. Quiero tener tiempo para escribir, leer hasta que me piquen los ojos, cocinar para los amigos... Todas esas cosas que, aunque son sencillas, se nos hacen especiales al no poder dedicarnos a ellas como quisiéramos.

La peluquería ha dado un paso de gigante y, en gran parte, ha sido porque los planes formativos se han ido adaptando a las nuevas necesidades.

B.M.: Un consejo para todo aquel que desee convertirse en experto peluquero, experto en imagen personal.
G.Z.: Dedicarse al mundo de la peluquería requiere formación continua, tesón, ilusión, motivación interna y olvidarse del reloj y de las jornadas reducidas. Si no es así, mejor dedicarse a una profesión menos exigente. Por eso me molesta tanto cuando llegan al centro adolescentes acompañados de sus padres y estos últimos me dicen: "La niña no quiere estudiar y hemos pensado que la peluquería puede ser buena opción". En ese momento, se me ponen los pelos de punta. ¡Imagínate lo que les contesto!

B.M.: ¿Cómo se celebra un aniversario en pandemia, Gonzalo?
G.Z.: En las bodas de plata hicimos una fiesta en San Sebastián muy enfocada a los profesionales y amigos que, en estos 25 años de trayectoria, han sido nuestros aliados. Tuvimos también representación de exalumnos. Fue un día que jamás olvidaré. Pero en esta ocasión, en el aniversario número 30, hacer algo virtual para un acontecimiento tan importante no nos apetece. Esperaremos lo que haga falta para celebrarlo en condiciones. Quisiéramos reunir en una gran fiesta a alumnos de todas las promociones y hacer un encuentro muy especial y emotivo. El alumnado que hace tres décadas estudió en Centro Beta y tenía entre 15 y 16 años ahora tendrá 45. ¿No es genial?

B.M.: ¿Feliz?
G.Z.: No puedo quejarme de nada. Tengo una familia estupenda, la vida me ha puesto en el camino a un compañero fabuloso con el que llevo 33 años de convivencia y mi trabajo me ha dado mucho más de lo que nunca soñé. ¿Feliz? Inmensamente feliz (Y se le nota, la verdad, pensamos...)

¡Muchas felicidades, Gonzalo!









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