Acaba como quien dice de abrir salón en la neurálgica calle Padilla de Madrid, lo hizo en 2020. Aunque decir salón, la verdad, es poco.

Ángela Navarro, no podía ser de otra manera, ha concebido éste, su última apuesta para el tratamiento global de la imagen personal y muy especialmente la del paciente oncológico, como un gran laboratorio rodeado de plantas y naturaleza, un lugar y remanso al que acudir y en el que permanecer para disfrutar de una experiencia única, extraordinaria; vital sin duda.

Y todo y porque en este su nuevo salón, el séptimo de su carrera (siempre en busca de la excelencia), la mítica Ángela Navarro ha concentrado todo el poder entero de sus 60 años de experiencia, que se dice pronto. Y ha contribuido con ella, la experiencia y su saber hacer indiscutido y pionero a dotar de cierto carácter mágico a cada detalle, que no es uno solo tampoco sino muchos, ya que en el nuevo atelier de Ángela Navarro se concentran el global de sus servicios referidos a la peluquería y estética oncológica: el tratamiento y el diseño de la imagen de cada persona, el apartado de diagnóstico; la peluquería; la belleza y la Fundación, Fundación Ángela Navarro, con la que lucha para aportar "paz estética a las pacientes oncológicas", dice Ángela.

Un total de 300 metros cuadrados de luz natural, jardín exterior y líneas puras que reflejan a la perfección la marca Ángela Navarro, desde el pavimento hasta las paredes, pasando por los tocadores y las diferentes salas, y con soluciones tales como mecanismos móviles automatizados en ventanas y paneles para aportar la máxima intimidad a sus clientes. ¡Una aventura! Una experiencia de paz, bienestar y autoestima elevada a la máxima potencia.

¿Se puede pedir algo más...? La labor de Ángela, este baluarte de la esfera de la peluquería y la belleza, estudiosa de las soluciones inéditas y eficientes para las personas físicas y sus 'almas' en ocasiones maltrechas a consecuencia de los efectos de tratamientos de quimioterapia y otros, es sin duda, encomiable. Y así lo escribimos, para que quede dicho y que conste. Pero no solo eso, es que Ángela es historia viva de la peluquería y un puño férreo en el que concentrarse, porque posee una de las carreras más vitales y extraordinarias de la esfera que nos interesa, preocupa y ocupa: "Cuando nos vemos bien, nos sentimos mejor", lo tiene claro y por eso con el ejemplo y el esfuerzo predica.

Un nombre mítico, parte activa no solo del cuidado de la imagen personal y el paciente oncológico, sino eslabón de la historia de las últimas décadas. Para nada le es ajena a Ángela la ‘movida madrileña’, escribiendo capítulos inolvidables, como el protagonizado trabajando codo a codo con el diseñador Manuel Piña y junto a Javier Vallhonrat, famosos fotógrafo de moda. Estilista oficial de la Pasarela Cibeles durante varios años, su antiguo salón de la calle Jorge Juan, "el salón más especial de todos los que he tenido hasta ahora" (reitera con la voz y los ojos rememorando recuerdos), fue escenario donde se rodaron varias tomas de la película ‘Kika’, de Pedro Almodóvar y desde donde, Ángela trabajaba mano a mano junto a la diseñadora Sybilla.

Junto a ella, y en este periplo, sus hermanas, las 5 hermanas Navarro: Ángela, Isa, Pepa, Juli y Mari.

Soy una afortunada en mi trabajo, [...] siempre he tenido grandes satisfacciones, como trabajar con gente muy conocida, trabajar con grandes y representar a la imagen de nuestro país por todo el mundo, y la de tener clientas desde hace más de 40 años que siguen viniendo, ese es mi máximo agradecimiento.

BEAUTY MARKET: Nuestra primera pregunta obligada, Ángela: ¿qué es la belleza oncológica?
ÁNGELA NAVARRO: Para mí, es recuperar la imagen de cualquier persona, hombres, mujeres, niños, el volver a verse como uno era. Más que nada, devolver la autoestima a alguien que tenga un deterioro físico importante.

B.M.: ¿Qué te llevó a tomar la decisión de trabajar en este campo?
A.N.: En realidad, nada, fue un cúmulo de coincidencias. Una periodista, Ana Muñoz, en aquel momento estábamos en la Pasarela Cibeles, tuvo un problema de cáncer y Pepa, mi hermana, le recuperó la imagen. Descubrió un montón de cosas en los hospitales. En la peluquería le preguntaban por qué a ella no se le había caído el pelo (y es que llevaba peluca). Ella fue en realidad la que inició este proyecto y me hizo no olvidarlo nunca. Una vez que conocí las circunstancias de esta enfermedad, ya no me pude escapar de ello nunca.

B.M.: ¿Cuál es la mayor satisfacción y recompensa a tu trabajo?
A.N.: Soy una afortunada en mi trabajo, en épocas muy diferentes siempre he tenido grandes satisfacciones, como trabajar con gente muy conocida, trabajar con grandes y representar a la imagen de nuestro país por todo el mundo, y la de tener clientas desde hace más de 40 años que siguen viniendo, ese es mi máximo agradecimiento. He disfrutado mucho con mi trabajo. Según las distintas etapas he disfrutado peinando a todo tipo de señoras, entre ellas a las prostitutas de entonces de la calle de la Ballesta (lo que nos demuestra lo real que es Ángela, Ángela Navarro).

B.M.: ¿Existen en nuestro país los profesionales necesarios especializados en cuidados de belleza para pacientes oncológicos?
A.N.: No me he preocupado nunca del numero de profesionales de peluquería y estética que tenemos oficialmente en nuestro país, pero me da la sensación de que cuando una clienta de este tipo llega a un salón de peluquería pidiendo ayuda, podría ser que se sintiera igual que yo la primera vez: aterrada de no saber si podía ayudarla o no, y a la vez con toda mi alma, deseando hacerlo, así empecé a aprender, fue lo que sustituyó al principio a una formación reglada en la materia.

Para 2022, hemos desarrollado un nuevo proyecto que aglutina a los profesionales de la peluquería de toda España que quieran formar parte de un programa de afiliación para que ellos puedan abordar el asesoramiento en cuidados estéticos a paciente oncológicos, tal y como lo hacemos nosotros.

B.M.: Un camino arduo en cuanto al aprendizaje y tratamiento.
A.N.: Mi obsesión siempre ha sido la formación, algo que considero de máxima prioridad. Mi lucha, a día de hoy, es que cuando vislumbré este proyecto, yo, que creía que iba a salvar el mundo, en realidad no tenía ni idea, y cuando levantaba una peluca y me llevaba la piel, me mareaba, así que empecé a quedarme sentada horas en los hospitales, en el área de quimio y radio, para aprender. Tuve que formarme durante 5 años estando en un hospital, y cambiar los patrones internos de las pelucas que se hacían entonces. Quiero dar las gracias a los oncólogos y dermatólogos que me ayudaron, a la enfermería, con la que he compartido tantos cursos. Porque este proyecto, a día de hoy, es multidisciplinar, porque esta enfermedad cursa con deterioros físicos diferentes como el que afecta a la piel; hay que escuchar a estas personas, ver su cuero cabelludo, y lo que es lo importante para cada uno. Cuando empecé en el Instituto Parisien, con 14 años, tengo 74, yo ya trabajaba con pelucas (Ángela hace un gesto pensativo, rememora sus inicios). Las mujeres normales en aquella época tenían 2 y 3 y 4 pelucas. Y no es que el pasado sea mejor, porque es genial todo lo que hemos aprendido en esos 25 años.

B.M.: ¿Y cómo te mantienes al día y continúas tu formación en todo lo referido al cuidado de la piel y el cabello en personas con cáncer, que lo han padecido o que se están recuperando del mismo?
A.N.: Me han formado el fotógrafo, el diseñador, los equipazos que he tenido siempre a mi lado, que me han ayudado sin dudar. Me encanta todo lo relativo a la sociedad, observar a la gente... Cuando venía de hacer campañas internacionales para Vogue, por ejemplo, llegaba a la peluquería y trataba de hacerles a mis clientas lo último que había hecho para las revistas, pero se miraban al espejo y les daba vergüenza salir a la calle. Vi que la comunicación con el cliente no era la correcta. Las señoras se sentían raras pero nosotras creíamos que éramos la pera de modernas (se oye su risa). Eso me hizo ver que yo no estaba actuando bien. Así que, a partir de entonces, después de volver de una producción me iba a la calle y al metro y veía cómo era la sociedad real, lo que me hizo ver que siempre estamos aprendiendo.

B.M.: ¿Por qué momento personal y profesional atraviesa Ángela en la actualidad?
A.N.: Ahora mismo estoy alucinando conmigo misma. Si alguien me cuenta que voy a delegar de la manera en que lo he hecho, no me lo creería. Lo estoy viviendo de una manera muy difícil. Soy insoportable (se encoge de hombres, como diciéndonos, es lo que hay, no puedo ser de otra manera), siempre me gusta dirigirlo todo, y entre la pandemia y la ayuda a la Fundación Ángela Navarro (AN), me he mantenido más al margen. Tengo que decir que me siento orgullosa por el resultado que veo tan grande con mis dos hijas. Pero delegar e ir estando en segundo plano desde hace dos años, ha sido el reto más duro al que me he tenido que enfrentar en toda mi vida profesional. Personalmente, tengo ganas de nuevas iniciativas para mí, sobre todo volcarme en lo que hemos estado haciendo todo este tiempo: ahora, por ejemplo, estoy en Marbella con María Bravo ayudándola con su nueva iniciativa, La Casa del Ángel, 'Global Feed', que es una fundación donde atienden a niños, a familias sin recursos... Es una gente maravillosa que está ayudando mucho. El primero de mis objetivos también es conseguir que la peluquería sea formación universitaria. Yo impartía un curso de Estética aplicada a la Salud. Pertenecía a la UNED, y lo dejé porque no subvencionaban las prácticas. Eso tiene que volver.

Nuestra misión es ayudar a personas que están pasando un proceso oncológico, las ayudamos con lo que somos expertos: el cuidado de la imagen, empezando por escucharles.

B.M.: ¿Cómo ha sido la incorporación de tus hijas a la empresa? ¿Qué funciones desempeñan?
A.N.: ¡Todas! Ana es la directora del salón y de la comunicación con pacientes y con hospitales, y Bea es la CEO de la empresa, se encarga de la comunicación y de la comunicación digital.

B.M.: ¿Cuál es la principal tarea y objetivo de la Fundación Ángela Navarro?
A.N.: Nuestra misión es ayudar a personas que están pasando un proceso oncológico, las ayudamos con lo que somos expertos: el cuidado de la imagen, empezando por escucharles. Lo hacemos de tres formas: con la formación (necesitamos que el personal sanitario tenga conocimiento de las ayudas a nivel imagen que se pueden hacer). Informando, hacemos una labor muy extensa de comunicación y divulgación sobre los procesos técnicos específicos para poder tratar las necesidades de pacientes oncológicos. Y buscamos las ayudas para personas con recursos económicos reducidos. En este sentido colaboramos con la Consejería de Sanidad de la comunidad de Madrid, y con la AECC, también de la comunidad y el Banco de Pelucas. Además, tenemos un programa que incluye un fondo de ayuda económica directa para niños, adolescentes y adultos jóvenes con cáncer, que es una etapa de la vida en que la imagen cobra especial importancia. Para 2022, hemos desarrollado un nuevo proyecto que aglutina a los profesionales de la peluquería de toda España que quieran formar parte de un programa de afiliación para que ellos puedan abordar el asesoramiento en cuidados estéticos a paciente oncológicos tal y como lo hacemos nosotros.

B.M.: Además de todo ello, posees tu propia marca de cosmética oncológica. ¿Por qué te decides a crearla? ¿Cuáles son sus beneficios?
A.N.: En el 88 tuve la suerte de trabajar con investigadores de grandes marcas como Kanebo y Shiseido. En aquel momento, en la peluquería teníamos unos problemas tremendos de descamación, de grasa... Así que me empeñé en desarrollar un producto personalizado que llevara un principio activo diferente sobre su base. Y así nació la idea del producto personalizado. Algunas multinacionales me dijeron que nunca ganaría dinero con ese producto, y era verdad, pero la satisfacción de ver los cueros cabelludos de mis clientas no tiene precio.

B.M.: ¿Cómo has superado el tiempo de pandemia ejecutando una labor tan difícil y que necesita y mucho del contacto entre personas?
A.N.: Gracias a la iniciativa de mis hijas de las videollamadas con nuestras clientas y las pacientes oncológicas que necesitaban ayuda... Había noches que se quedaban hasta la una de la madrugada escuchando a pacientes (lo dice con orgullo, una nota en la voz y un gesto cómplice de sus manos).

Yo tengo un paquete de productos que es para toda la familia: capilar, facial, toda la línea 'ADAPTA' es para toda la familia. Pero si hay un problema de piel, hay que verlo.

B.M.: Lo digital parece ocupar cada vez un mayor espacio en nuestras vidas. Ángela Navarro es también e-commerce. ¿Diagnosticas por ejemplo, también vía digital? ¿Cómo ves el futuro en este sentido? Cómo compaginar algo tan físico como la peluquería oncológica con el mundo virtual?
A.N.: La tecnología funciona así, creo que, en nuestro caso, además de un asesoramiento en una videoconferencia, la persona gana mucho cuando la tenemos delante, y eso no se va a poder perder. Yo te puedo decir una cosa vía digital, pero luego veo tu remolino, y puedo cambiar de opinión. La videoconferencia está bien para informar, pero luego se necesita “la piel”. Cada cráneo tiene una medida y cada afección del cuero cabelludo tiene unas características. Yo tengo un paquete de productos que es para toda la familia: capilar, facial, toda la línea ADAPTA es para toda la familia. Pero si hay un problema de piel, hay que verlo.

B.M.: A lo largo de los últimos años, Ángela Navarro ha ido aumentado su oferta y servicios en torno a la belleza oncológica, ¿qué más tienes en perspectiva?
A.N.: Estamos enfocados como adelantaba antes en la expansión de nuestro último proyecto para ayudar a profesionales de toda el país con clientes que están pasando por un proceso oncológico para asesorarles acerca de cómo abordar esos casos porque no tienen los conocimientos específicos en el trabajo con pelucas, por ejemplo. Queremos compartir nuestro expertise con todos los peluqueros de España.

B.M.: ¿Cómo resumirías tu trayectoria?
A.N.: Como un caos maravilloso (es fantástico oírle reír de nuevo). Me han propuesto escribir un libro sobre mí y un documental, y cuando lo veo todo, lo pienso, ¡alucino! Me siento orgullosísima de que todo el equipo de AN, que se ha formado aquí, es más, aún no me lo creo, el que menos tiempo lleva, son 20 años. Y todos ellos se han educado en Ángela Navarro, todo el mundo elige qué especialización le gusta más. Para mí, todos ellos son 'mis niñas'... Y la tranquilidad que me queda de que estén mis hijas en la empresa... Y estoy feliz, sí, y satisfecha del trabajo realizado. También tengo que hablar del único hombre que tenemos en la familia, Paco II (Paco I es mi marido, nos hace un guiño), que me ayuda con las campañas de publicidad, celebrities y moda.

La videoconferencia está bien para informar, pero luego se necesita "la piel". Cada cráneo tiene una medida y cada afección del cuero cabelludo tiene unas características.

B.M.: ¿Qué te ha dado esta forma de concebir la peluquería y la belleza, que no lo hubiera hecho la peluquería y belleza convencionales?
A.N.: Tal y como os he contado, como obsesiva de la formación que soy, volvía locas a las empresas; cuando sacaban un producto nuevo que prometía cosas que no eran así, me rebelaba. Me gusta la sinceridad, reconocer lo que no sabes, y aprender. Yo he sido muy generosa con la gente que me ha pedido ayuda, he dado clases y formación a todos los que me lo han pedido. Dedicarme a la peluquería oncológica ha potenciado aún más este aspecto de mí y de todos quienes me rodean.

B.M.: Por último Ángela, un gran pasado para un no menor y gran presente. ¿Y el futuro...?
A.N.: Creo que nos espera un futuro que no sabemos, hay que estar con los ojos abiertos, y tenemos que seguir formándonos hacia las nuevas tendencias, a los cambios que se produzcan en la sociedad y a las necesidades sociales que conllevará. Eso sí (señala), el que piense que el pasado es mejor, a mi eso me parece un aburrimiento impresionante (y sonríe, la mejor rúbrica a nuestra entrevista).

Ángela Navarro será ponente de excepción con la conferencia “Peluquería y Estética Oncológica” en Beauty Contacta Madrid. Compra tu entrada.









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