A Ana Romero no se le caen los anillos. Ni se le caerán, que quede dicho.

Con las ideas claras, muy claras, Ana, albaceteña, 57 años y 30 de profesión peluquera, es una de las grandes. Así, como que no quiere la cosa, en su tierra la adoran. Su salón es un eje, cruce de culturas y caminos, epicentro del trato con el cliente y la belleza. Donde el cabello se trabaja con ganas y sabiduría a espuertas, que a Ana, por otra parte, le sobra.

Dice que es autodidacta. Pasó por la academia y antes de abrir el Salón Ana Romero, desempeño su labor en algunos otros, "de los que aprendí básicamente lo que nunca haría el día que yo crease mi propia empresa", asevera.

En enero de 1986 dio rienda suelta a su creatividad e instinto, y junto con tres compañeras, inaugura Ana Romero Estilistas: "Sin miedo, sin complejos, sin estudios de mercado, ni de economía, solo con ilusión y con talento". (Lo dice con fuerza, convencimiento y seria, muy seria). Con Ana, las ideas, insistimos, y las cosas claras. Así las entiende todas ellas y así las pone en práctica. Y como tal ha triunfado con su peluquería.
De ahí hasta ahora, todo ha ido en ascenso. "En 1987 -nos cuenta Ana- ya éramos diez mujeres y hasta hoy nuestros equipos de trabajo nunca bajaron de esta cifra, incluso llegamos a ser 25 personas con la ampliación a unos grandes almacenes".

Figura hecha a sí misma, hoy Ana Romero, decana, responde a nuestras preguntas. Y avisa: "No soy políticamente correcta".

No tengo ninguna estrategia a medio o largo plazo, tal y como está la vida hay que aprovechar el hoy, no sé qué pasará mañana y la verdad ya no me interesa, si hago las cosas bien hoy, el futuro será bueno

Beauty Market: Ana, ¿cuál es el secreto de tu éxito y de tu permanencia?
Ana Romero: No existe secreto del éxito, solo existe capacidad de trabajo. No estoy de acuerdo con que para afrontar una profesión creativa lo importante sea tener conocimientos de empresa, mercado y economía. Todo ayuda, pero lo importante es ser bueno en lo que haces, los números ya los llevan profesionales que saben de ello, yo sé hacer lo mío y con los años, también sé gerenciar como que el que más. El éxito profesional no existe si no se da el éxito existencial, de nada sirve ser el mejor en algo si no eres feliz o por lo menos lo intentas. Yo soy mejor profesional porque intento ser mejor persona. No tengo ninguna frustración, lo que quiero lo digo y lo hago.

B.M.: ¿Y tus mejores armas para convertirte en referente como salón?
A. R.: En esta profesión para ser líder y referente, tienes que ser diferente, no puedes ser gremial. En este oficio, mis compañeras son las que trabajan conmigo, los demás son rivales, no enemigos, eso es diferente, pero compañero no es quien compite conmigo en el mercado, es compañero quien me ayuda a ganar. En este tema hay mucho cinismo y 'colegueo' barato.

B.M.: ¿Cuál es tu opinión concreta acerca de gremios y asociaciones?
A.R.: Los respeto, pero hoy por hoy me mantengo al margen, soy muy joven para estar en algunos y otros me pillan ya mayor. Soy escéptica, los observo desde fuera y veo siempre a los mismos. En algunas asociaciones se promueven nuevos valores, pero no es representativo, apenas se promociona a las mujeres y siguen siendo los mismos.
No obstante, existen algunas asociaciones de mujeres peluqueras, lo que me encanta y las animo, son mayoría, con futuro y mejores, no me cabe la menor duda, pero (hace una pausa y un gesto, suspira...) ¡Qué poco nos ayudamos y nos reconocemos!

B.M.: ¿Por qué a las mujeres se las ve menos a nivel de prensa y titulares que a los hombres en peluquería?
A.R.: No conozco a ningún hombre que, por el mero hecho de serlo, sea mejor que ninguna mujer y en peluquería menos todavía. Ellos son 'estilistas', los cocineros, 'chefs', en la profesión se habla de peluqueros, pero la inmensa mayoría somos mujeres, peluqueras y a mucha honra. Yo lo he conseguido todo, éxito profesional, familiar, comodidad y soy muy feliz haciendo lo que me gusta y sin renunciar a mi sexo.

En lo referido a los miembros de un equipo de trabajo, cuando lo lideras, nunca puedes hablar de ellos como amigos. Dirigir es mandar, es exigir y también es corresponder, y es muy difícil ser amigo en esa dinámica, pero mi relación con mi gente es muy buena.

B.M.: Sin embargo, siguen siendo ellos los más galardonados y citados de la industria.
A.R.: El que las mujeres estemos menos presentes a nivel de prensa y titulares, optemos a menos premios y reconocimientos de la industria, no es un tema al que tengamos que contestar nosotras, serán ellos que son minoría y parecen ser mejores; en mi ciudad no me ganó ninguno, nunca.

B.M.: ¿Qué son los premios a la peluquería?
A.R.: No me interesan los escenarios, los premios, las asociaciones, el falso glamour. Respeto a quien vive para ellos, aunque ya todos saben quiénes son, se repiten todos los años, no hay imaginación. El verdadero éxito para quienes trabajamos el día a día es llenar los salones, hacerlos rentables y que la gente repita, te busque y te quiera. Luego, después de eso, yo soy anónima y nadie por la calle me identifica por mi profesión.

B.M.: Entonces, ¿no has tenido nunca curiosidad por vivir desde dentro la experiencia de un concurso de editoriales y/o colecciones de peluquería?
A.R.: Nunca creé una colección de peluquería. En definitiva, aún no sé muy bien qué es una colección de peluquería. Sí sé lo que es una buena modelo y un gran fotógrafo, con eso sobra para hacer una foto de impacto. La peluquería está en la calle, en los viajes, en la tele, en el cine, no en una revista profesional. Jamás en 35 años una clienta me pidió un estilo visto en una publicación del sector.

B.M.: ¿Qué papel en tu opinión debe desempeñar la prensa en esta industria?
A.R.: Yo siento pasión por las revistas y plataformas profesionales de información como ésta, seria, con rigor, que le interesan cosas que otras no buscan. Yo quiero conocer al profesional, sus trabajos para mí no son importantes, yo no seré clienta suya nunca, pero me interesan sus ideas, sus criterios, su forma de afrontar la profesión. Me interesa quien me enseña a vivir mejor, no quien corta o da color, eso ya lo hago yo (sonríe), y después de 35 años y al nivel que estamos, la verdad, no lo hacemos mal.

Mientras tengas una toalla, unas tijeras, un peine, un secador y una clienta que confíe en ti, esta profesión tiene más futuro que ninguna, aquí no valen los ordenadores ni las nuevas tecnologías de venta, la peluquería no está en Amazon.

B.M.: Centrándonos de nuevo en el salón, Ana, ¿en qué reside la clave del trato con el cliente?
A.R.: No estoy de acuerdo cuando se dice que los que trabajamos en peluquería somos 'psicólogos'. Jamás vi a un profesional de la psicología cortar el pelo en su consulta y nunca vi en una peluquería psicoanalizar a nadie. El trato al cliente es otra cosa.

B.M.: ¿Cómo es tu relación con los equipos?
A.R.: En lo referido a los miembros de un equipo de trabajo, cuando lo lideras, nunca puedes hablar de ellos como amigos. Dirigir es mandar, es exigir y también es corresponder, y es muy difícil ser amigo en esa dinámica, pero mi relación con mi gente es muy buena. Jamás en 35 años tuve un juicio por una demanda laboral, y créeme, es mi firma en Albacete donde más mujeres han trabajado en esta profesión en la historia. Hoy, muchas tienen sus propios salones y luchan por sacarlos adelante.

B.M.: ¿Qué se necesita para gestionar y trabajar cada día un salón de peluquería y salir triunfante en la tarea?
A. R.: Insisto, como decía antes, primero, yo no me considero empresaria de nada, solo soy una mujer que sabe hacer una cosa, peluquería, y que es tal éxito el que tuve desde el principio que para canalizar todo el trabajo que desarrollábamos y desarrollamos tuve que solicitar ayuda dentro del propio equipo. Somos todas compañeras en el mismo barco. Además de eso me toca administrar y repartir, pero soy trabajadora, no hay una sola persona en mi firma que trabaje un minuto más que yo. Decía un genio de la creación: "Que nadie olvide que yo en mi salón soy uno más, pero que nunca olviden que yo soy el uno, y los demás el más".

B.M.: ¿Qué opinas de la peluquería española a nivel creatividad en estos momentos y dónde te colocas tú, Ana Romero?
A.R.: La peluquería española siempre estuvo a un gran nivel, Francia es la reina y para mí las hermanas Carita, Alexandre o un hombre que ya falleció y era un genio, Bruno Pittini que trabajaba para Dessange, eran la fuente donde yo intentaba beber. En el Reino Unido estaba el polifacético Vidal Sasson y luego en Italia existían innegables 'vividores' de la peluquería, de todos ellos siempre me ha fascinado Rosano Ferreti, me gusta su estilo y cómo comunica.
España con los hermanos Blanco, Cebado, el mítico y gran amigo personal y de mi familia Lluis LLongueras, tantísimas anécdotas con él... Pero Cheska, Mari Carmen Madrigal, María Jesús Echeverría y Loida Zamuz son mujeres que no tienen que envidiarle nada a ningún peluquero o estilista, en la distancia y siendo de provincia yo estaría en esa dinámica y filosofía de firma.

Al profesional de la peluquería y más directamente a la mujer peluquera, que es a la que yo me dirijo, le aconsejo que sea personal, intransferible, que luche por su propia individualidad y protagonismo.

B.M.: ¿Cómo es tu relación con las grandes firmas de productos cosméticos y herramientas para peluquería?
A.R.: Mi relación con las firmas, marcas o multinacionales del sector, es meramente comercial, los grandes hombres y mujeres de estas firmas ya están jubilados, ahora son comerciales que solo buscan cifra y a mí eso no me interesa, la cifra la busco yo. No me interesan los 'vende mantas'. A lo largo de los años, cuando me ofrecían galas, atelieres, shows, fotos, modelos frente a te doy 'rappel' y descuentos, siempre me quedaba con esto último. Yo no vivo del éxito, el éxito es una consecuencia de mi trabajo y de mi gestión.
Yo soy peluquera de clientas no soy peluquera para profesionales, yo no tengo academias "peluquerías camufladas" ni vendo cursos, ni acompaño a firmas a evangelizar productos, yo no puedo dejar mi salón ni un minuto, mis clientas no me dejan, yo lo consigo todo estando en casa trabajando y creando empleo. Me parece perfecto lo que hagan los demás, pero esta es mi opinión.
He viajado por todo el mundo y cuando los empresarios de cualquier país hablan de su empresa, siempre sacan sus cifras de facturación para darse importancia. Sin embargo, muchos de nosotros y en este país, anteponemos otra cifra: "yo tengo tantos trabajadores", el valor social de una firma es fundamental, que tenga vida. Ahora se confunde el autoempleo con generar empleos, es mucho más difícil y no tiene ayudas.

B.M.: ¿Cómo se puede aumentar el ticket de caja y maximizar el rendimiento en un salón de peluquería?
A.R.: Me preguntas cómo se puede aumentar el ticket de caja y eso es un invento de las multinacionales de toda la vida. Nos metieron en la cabeza que teníamos que tener una 'boutique' de productos, y hacer reventa. Hoy, paradójicamente, no nos necesitan, los venden directamente. Yo también soy consumidora y no me gusta pagar más por nada. Y no me gusta que me vendan nada que no necesito. Entonces, el tema está en subir el número de clientes que te visitan, no de exprimir a quienes lo hacen.

B.M.: ¿Qué opinas del low cost?
A.R.: El low cost, siempre existió, no es una novedad. Hay gente para todos, yo no tengo complejos, que se pongan cerca de mí, no me quitarán una sola clienta. Quien viene a Ana Romero sabe que no competimos en precio, competimos en calidad y categoría, no es comparable. No conozco una profesión de servicios que cobre menos que hace 20 años, pasa en peluquería, pero solo es un problema de quien lo practica y de las pobres clientas que lo sufren. El problema de los que empiezan es que no adoptan el modelo de la calidad, copian lo barato y sin riesgos, no dan prestigio al sector. Hay que ser valientes, si se quiere, se puede.

Creo en el reciclaje, creo en lo 'bio', creo en el medio ambiente y creo en todo lo positivo para la humidad, pero cuando una clienta viene al salón, pienso solo en ella y le doy lo mejor para que salga como ella había pensado que saldría.

B.M.: ¿Ana Romero es peluquería de autor?
A.R.: Ana Romero es una firma de 'Autora', porque ya somos un clásico en Albacete, todo el mundo sabe quién soy, lo saben quienes suben a vernos, nosotras nunca estuvimos en planta calle, pero sí en el corazón de la ciudad. Saben lo que van a encontrar que es algo completamente diferente a mi competencia, ni mejor ni peor, diferente, y por eso somos marca. No quiero ser conocida por el resto de profesionales, pero me quita el sueño que las clientas sepan quienes somos, vivimos de nuestra gente no de nuestra competencia.

B.M.: ¿Cómo se consigue crear un nombre en peluquería?
A.R.: El perfil de un salón y de su clientela es el fiel reflejo de tu personalidad, un 'bluff' (gesticula) no aguanta dos años. Para crear una firma hay que pasar la prueba del espejo (ríe divertida): ponte delante de uno, háblale, mírale, gesticula y si lo que ves te gusta, también gustarás, el problema es cuando lo que ves no te gusta ni a ti.

B.M.: ¿Cómo has sorteado la pandemia?
A.R.: De la pandemia no quiero hablar (es tajante), como no quiero hablar del Iva y no quiero hablar de nada que no sea peluquería en estado puro, no pierdo un minuto de mi tiempo en quejarme, lamentarme o llorar en público, soy peluquera y hablo de lo que sé y de lo que me hago entender. Quien aguanta, quien resiste, quien lucha, quien no se entrega, al final triunfa, quien se queja está perdido.

B.M.: ¿El boom de las redes sociales te ha proporcionado mejor imagen y/o nuevos clientes?
A.R.: El boom de las redes sociales me da risa, ahora cualquier maquillador se pasa a crear una firma de peluquería, vende su vida privada, hace videos en historias en el Instagram como ideal y se pone en el 'Top Ten' cuando no sabe ni cortar el pelo. Yo he trabajado mucho la publicidad y sé de lo que hablo, nunca vendí una colección, una modelo, ni nada que no fuera yo, mi equipo o mis instalaciones, un concepto de publicidad americana. Ahora tengo un Facebook y un Instagram, no tengo Twitter, no tengo página web y no tengo nada de nada, o sea, sé con quién conecto y sé qué mensaje le envío, intento que no tenga que ver con el resto. De hecho, intento tener redes sociales solo para mis clientas, no quiero profesionales, ni quiero que me cotilleen ni me interesa lo que hacen, simplemente los respeto.

El 'low cost', siempre existió, no es una novedad. Hay gente para todos, yo no tengo complejos, que se pongan cerca de mí, no me quitarán una sola clienta. Quien viene a Ana Romero sabe que no competimos en precio, competimos en calidad y categoría, no es comparable.

B.M.: El hacérselo uno mismo, en casa, a causa del encierro ¿está restando clientes a la peluquería? ¿Cómo contrarrestarlo?
A.R.: No conozco esa tendencia que me dices de "hacérselo todo en casa", yo juzgo y opino de las clientas que nos visitan y para las que son todos nuestros mimos, quien se queda en casa y se lo hace ella, tiene todos mis respetos y si está feliz con esa solución que siga, tarde o temprano vendrá a vernos, siempre fue así.

B.M.: ¿El hombre cada vez se cuida más?
A.R.: El hombre nunca fue nuestro cliente pensado, hoy muchos nos visitan, pero nuestra clienta es la mujer, el hombre que nos visita busca calidad, trato personal, tranquilidad y buen gusto.

B.M.: ¿Crees en lo 'bio' y el reciclaje?
A.R: Creo en el reciclaje, creo en lo 'bio', creo en el medio ambiente y creo en todo lo positivo para la humidad, pero cuando una clienta viene al salón, pienso solo en ella y le doy lo mejor para que salga como ella había pensado que saldría. La sostenibilidad del salón se hace día a día y te puedo asegurar que nos han felicitado por ello (lo dice orgullosa, con una gran sonrisa en la boca, que le aporta mucha luz como persona y alegría).

No me interesan los escenarios, los premios, las asociaciones, el falso 'glamour'. Respeto a quien vive para ellos, aunque ya todos saben quiénes son, se repiten todos los años, no hay imaginación.

B.M.:¿Qué cambiarías de la peluquería?
A.R.: Del mundo de la peluquería no cambiaría nada, todo es una evolución, algunos involucionan sin buscar la verdadera esencia de esta profesión. Mientras tengas una toalla, unas tijeras, un peine, un secador y una clienta que confíe en ti, esta profesión tiene más futuro que ninguna, aquí no valen los ordenadores ni las nuevas tecnologías de venta, la peluquería no está en Amazon.

B.M.: Tu estrategia a medio y largo plazo.
A.R.: No tengo ninguna estrategia a medio o largo plazo, tal y como está la vida hay que aprovechar el hoy, no sé qué pasará mañana y la verdad ya no me interesa, si hago las cosas bien hoy, el futuro será bueno, cada día que pasa es un día menos, y yo con mis años y ahora lo aprovecho todo.

B.M.: Un consejo profesional.
A.R.: Al profesional de la peluquería y más directamente a la mujer peluquera que es a la que yo me dirijo le aconsejo que sea personal, intransferible, que luche por su propia individualidad y protagonismo. Las franquicias ya nadie se las cree en el sector servicios, da igual lo que ponga en el letrero luminoso si dentro del salón no hay carisma ni personalidad.

B.M.: Un sueño por cumplir.
A.R.: No tengo ningún sueño por cumplir ni ningún deseo y no me arrepiento de nada de lo realizado, soy un producto de mi personalidad, soy un encanto (reímos juntas) y supersociable con mi gente y completamente indiferente al "mercado profesional", nadie me quita el sueño y no quiero imitar ni parecerme a nadie, solo quiero ser Ana Romero .









Recomendamos