El pintalabios cumple cien años como uno de los cosméticos imprescindibles en cualquier bolso o neceser que se precie. A lo largo de este siglo de historia, el lápiz labial, rojo en un principio, ha superado prejuicios, guerras y crisis económicas sin que las circunstancias hicieran mella en sus ventas. Es más: a principios del siglo XX, el hecho de pintarse los labios de rojo era sinónimo de rebeldía, poder e independencia, sobre todo en Estados Unidos y Gran Bretaña.

Corría el año 1910, cuando Elizabeth Arden irrumpía en escena para defender el labial rojo, justo cuando los prejuicios puritanos contra el maquillaje empezaban a surtir efecto. El rojo reafirmaba el poder de la feminidad. Desde principios del siglo XX, muchas sufragistas estadounidenses lucían el rojo en los labios dando muestras de independencia y desafío femenino. Así, las mujeres más liberadas plantaban cara a los convencionalismos victorianos del momento. El lápiz de labios de la firma logró que muchas mujeres se sintieran, bellas, liberadas y revolucionarias. Solo 10 años después, se lograría el derecho al voto femenino.

La gran innovación en labiales llegó de la mano del estadounidense Maurice Levy, en el año 1915. Por primera vez, se unió un lápiz labial sólido a un receptáculo que se deslizaba, dentro de un tubo de metal con tapa. La barra se deslizaba hacia arriba, gracias a una palanca pequeña. El formato tuvo una gran aceptación entre el colectivo femenino, que lo podía llevar en el bolso, cómodamente, y sin temor a manchas futuras.

La primera barra de labios llegaría a nuestro país, en la década de los '20

Corría el año 1922 cuando la firma Puig lanzaba la primera barra fabricada en nuestro país, con el nombre de Milady. Un año después, James Bruces, en Tennessee (Estados Unidos), patentó el primer lipstick con tubo giratorio, tal y como se fabrica hoy en día.

En el año 1927, Paul Baudecroux produjo el primer carmín indeleble, al que bautizó como Rouge Baiser. Transcurridos 15 años, esta barra de labios se haría famosa gracias al ilustrador italiano René Gruau, quien trabajó para Dior durante 30 años. Con el lanzamiento del carmín Guitare, 10 años después, se copió la fórmula y se dio a conocer con el eslogan "Los besos que traicionan ya no existen. El carmín Guitare perdura y no deja rastro".

Ya en la década de los 40, se asoció el lápiz de labios con la mayor productividad en el trabajo. Enfermeras y mujeres marines, entre otras, recibían barras labiales con el uniforme. Con la Segunda Guerra Mundial, las ventas de barras de labios se dispararon y llegaron a alcanzar los 20 millones de dólares, tal y como dio a conocer el New York Times. Además, se reemplazó el metal de los labiales por plástico. A medida que estallaba el conflicto bélico, se lanzaban nuevas variaciones de rojos, como el Rojo Montezuma y el Rojo Victoria, de Elizabeth Arden, conjuntados con los uniformes de las mujeres del ejército.

Concluida la guerra, Maurice Levy dio a conocer el labial con el estuche metalizado. Y en el año 1949, la firma Rimmel fabricó una paleta de colores para labios, que incluía un espejo y un pequeño cepillo. Un año después, la neoyorquina Hazel Bishop, fundadora de la firma del mismo nombre, creó el primer labial en barra de larga duración que no manchaba al besar.

Desde el año 1953, el rojo inicial de Dior, símbolo de feminidad, se ha versionado en más de 1.500 tonos. Poco después, en los años 60, la marca de cosmética Gala lanzó un labial con brillo suave. Por su parte, Max Factor introdujo, años después, un lápiz de labios conocido como Strawberry Meringue que fue un éxito de ventas.

No sería hasta la década de los 70 cuando Serge Lutens enfocaría sus esfuerzos hacia los tonos violetas, dotando a los labiales de un colorido más intenso. Y finalmente, en los años 80, Tyen dio la nota discordante con los profundos tonos violetas comenzando en maquillaje una nueva fuerza, el amor por el colorido.

En los años 80, Tyen, director creativo de la Maison Dior, desarrolló unas 134 referencias de rojos para la firma. En la actualidad, el rojo sigue siendo el tono más usado en el sector beauty, con todas las connotaciones que implica: fuerza, decisión, energía, pasión y valentía. El rojo fue el precursor y, sin duda, el color más versionado en la historia de los labiales. Por algo será, ¿verdad?

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