"Cada vez que abres los ojos y me acaricias la cara con el suave rumor de tus pestañas, sueño con fugaces parpadeos que adormecen mi conciencia con su rápido aleteo".
Óscar Bartolomé Poy, periodista y poeta vasco, escribió este verso sobre las pestañas con el que plasmó las emociones que en él despertaban. No es el único. A lo largo de la Historia, numerosas civilizaciones han empleado numerosos métodos para realzar y dotar de expresividad a las pestañas femeninas. Cuatro mil años antes de Cristo, los egipcios ya empleaban maquillaje para los ojos con una doble función: estética y bactericida. El propósito era atenuar, en lo posible, los rigores climáticos de la zona, sometida a una radiación solar intensa. No era extraño, por lo tanto, que lo usaran mujeres, hombres y niños.

Desde siempre se han usado trucos para embellecer las pestañas. Algunos de ellos resultan insólitos, como la aplicación de tinta china en La India. No sería hasta el año 1835 cuando se produciría el primer lanzamiento relevante para las pestañas femeninas. La firma Rimmel London popularizó la primera máscara de pestañas. Su notoriedad fue tal que a día de hoy todavía se confunde el nombre de la marca con el producto en sí mismo.

Y llegaron las pestañas postizas

Desde tiempos inmemoriales, las pestañas han sido utilizadas para realzar la belleza del rostro, debido a la posición central que ocupan en el mismo. A nadie se le escapa que su longitud es motivo de admiración. De hecho, existen postizos con este cometido en el mercado. Postizos que ya se empleaban en la antigua Roma.

El origen de las pestañas falsas se produjo durante el rodaje de la película Intolerance, considerada la más cara y ambiciosa del cine mudo. La cinta se rodó en el año 1916 bajo la dirección de D.W. Griffth. El director quería que las pestañas de la actriz Seena Owen rozaran sus mejillas y que sus ojos ganaran brillo y fuerza expresiva. Para ello, se requirió la presencia de un fabricante de pelucas local. Las primeras pestañas postizas se crearon con pelo humano tejido a través de una malla que se adhería después a los ojos de Owen. El proceso llevaba tiempo y destreza. Sin embargo, el resultado no daba de sí más de dos horas.

Desde entonces, se ha avanzado mucho en lo que a este accesorio se refiere. La década de los años 60 y 70 puso de moda el postizo de pestañas, coincidiendo con el encumbramiento de las modelos de la época. Twiggy, cuya imagen fue creada por la compañía Cheryl Internacional, ofrecía un look andrógino y aniñado. Su punto fuerte eran unos ojos enormes y unas pestañas superiores e inferiores infinitas.

El postizo de pestañas se ha usado siempre como complemento del maquillaje. Aunque como algo puntual. Pero desde hace algún tiempo, existe la posibilidad de alargar las pestañas de forma duradera y natural. Son las extensiones de pestañas.

Extensiones de pestañas cada vez más naturales

En el mercado, se comercializan diversos materiales que permiten incrementar la longitud -a base de pelo natural, sintético, seda, etc.- de las pestañas. Recientemente, las extensiones de seda han demostrado tener muchas posibilidades no solo por su naturalidad sino por las correcciones que aportan a la forma del ojo.

Las extensiones de pestañas se han convertido en una manera de otorgar aspecto almendrado a los ojos redondos y levantar los párpados caídos, agrandándolos desde el punto de vista óptico. Asimismo, le proporcionan más profundidad a la mirada al aportar más pestañas a las existentes. Para ello, hay que barajar todas las posibilidades y jugar con las diferentes medidas, grosores y curvaturas de las extensiones. Se logran así efectos de lo más naturales e interesantes.

Aplicación de extensiones de pestañas de seda

Gracias a las extensiones de seda, se consiguen resultados duraderos porque se colocan sobre pestañas naturales y duran aproximadamente un mes. Su aplicación es sencilla aunque minuciosa: se aisla una pestaña natural para aplicar la extensión sobre ella a unos milímetros del párpado.

Como todas las técnicas, se debe conocer, aprender y practicar para obtener resultados profesionales. Sin embargo, vale la pena dedicarle el tiempo necesario ya que transforma la mirada por completo. Las extensiones de seda se mantienen de forma fácil y se pueden maquillar, si así se desea.

En síntesis, desde la antigüedad las pestañas aportan una belleza singular que les reserva un lugar destacado. Poco a poco, se han descubierto nuevos métodos de embellecimiento y posibilidades de sacarles partido en pleno siglo XXI. ¿Seguirán siendo motivo de inspiración para poetas y literatos en el futuro?

Fuente: Pilar Álvarez Palmeiro. Nueva Visión.









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