Nacida en Venezuela, instalada en Barcelona, al frente de Sepai Beauticeutical, Paola Gugliotta especialista y máster en dermocosmética, empresaria famosa no solo por haber creado y exportado esta línea de culto, Sepai, a medio mundo, elegida por los más prestigiosos profesionales y centros nacionales e internacionales, sino también por su conocimiento científico de las formulaciones cosméticas que le ha llevado a destapar su inconsistencia en los casos en los cuales así ha sido necesario.

Mujer arrojada, con los pies firmemente sujetos al suelo pero las metas muy altas, ha logrado llevar sus cosméticos hasta el corazón mismo de Chelsea, en Nueva York por ejemplo, donde Sepai se convierte en objeto de deseo por parte de las mejores clínicas de medicina estética y dermatólogos. En España su colaboración con estos y los centros de estética profesional no le son tampoco ajenos.

Vital y optimista, seria, con años de esfuerzo y máximo compromiso, es habitual ver a Paola ocupando noticias y titulares de cabecera en la prensa y publicaciones de distinta naturaleza. Hoy, tiene una cita muy esperada con nosotros, por su ejemplo de entrega al área que nos ocupa, que le ha llevado a ocupar los primeros puestos no solo como empresaria de éxito, sino por sus conocimientos indiscutibles en torno a la ciencia de la belleza.

El secreto del éxito es hacer las cosas entregándote al 100%, nunca tomar decisiones en base al temor o la duda y hacer caso al instinto que siempre te indica cómo seguir. Por último, ser fiel a mis principios en cada paso que doy.

BeautyMarket: ¿Cuál es su definición de dermocosmética?
Paola Gugliotta: Es el conocimiento de la piel, de sus afecciones y de las mejores soluciones que se puedan implementar para mantenerla en óptimo estado. Debe considerar también un conocimiento profundo de todas las sustancias activas y no activas (excipientes) de una formulación y cómo estás afectan a la piel.

B.M.: ¿Cómo decide crear su propia firma cosmética?
P.G.: En un cierto momento de mi vida entendí que la única manera de materializar mi 'ikigai' -según los naturales de Okinawa, la isla con mayor índice de centenarios del mundo, el ikigai es la razón por la que nos levantamos por la mañana- era entregarme con pasión a algo en lo que realmente creía. Mi experiencia profesional me había enseñado todo lo que no me gustaba del mundo de la cosmética y mi experiencia como usuaria todo lo que no estaba disponible, así que me propuse desarrollar lo que para mí era el wish list de la dermocosmética y ponerlo a disposición de los demás.

B.M.: ¿Por qué y con qué objetivo su colaboración con los grandes centros de belleza en nuestro país?
P.G.: Cuando desarrollamos nuestros productos, no nos ponemos un límite de precio (contrariamente de cómo trabaja el mercado). Eso nos permite usar activos cosméticos de altísima calidad y en las concentraciones más idóneas. Lo que a su vez hace que nuestras fórmulas sean muy efectivas, supongo que por este motivo los centros de belleza más punteros se han fijado en nuestros productos y juntos hemos aprendido y crecido de la mano para ofrecer el mejor servicio y los mejores resultados a nuestro clientes.

La necesidad por la seguridad que quiere sentir el consumidor con respecto a los productos de uso tópico nos está empujando a elegir sólo productos naturales.

B.M.: Llegados hasta aquí, una marca de éxito, y la presencia internacional así como el compromiso con la belleza, ¿qué ha sido lo más difícil en su carrera?
P.G.: Sentir sobre mí el peso de todas las personas (y sus familias) comprometidas con el proyecto y que dependen del éxito de mis decisiones.

B.M.: ¿Y lo más complicado de su aventura dentro de la cosmética?
P.G.: Aportar una visión nueva y diferente no siempre entendida desde el principio. Nuestra sociedad percibe lo nuevo como algo raro, anormal, peligroso...

B.M.: Por cierto, ¿qué es la belleza?
P.G.: Es la felicidad que sentimos al experimentar algo (casi siempre a través del sentido de la vista) que nos resulta agradable.

B.M.: ¿Así la perciben los usuarios?
P.G.: Por supuesto, cada persona tiene su propio concepto de la belleza, muy subjetivo... Lo que sí podemos saber es que la reacción a la belleza es siempre la felicidad.

Más mujeres europeas están aprendido a cuidarse en esta generación, a diferencia de nuestras madres o abuelas.

B.M.: ¿Cuál es el secreto del éxito?
P.G.: Hacer las cosas entregándote al 100%, nunca tomar decisiones en base al temor o la duda y hacer caso al instinto que siempre te indica cómo seguir. Por último, ser fiel a mis principios en cada paso que doy.

B.M.: ¿Cómo compiten o se complementan en su caso cosmética y medicina estética?
P.G.: Buscando un símil con el deporte, la medicina estética ofrece soluciones específicas y correctivas visibles en pocos minutos y a pocos días: da soluciones inmediatas a problemas concretos. La cosmética es como el ejercicio prolongado de bajo impacto, es el trabajo de fondo que te ayuda con el cuidado del día a día.

B.M.: ¿Cómo ve el futuro de la belleza profesional?
P.G.: La veo como el regreso al alquimismo, la vuelta a profesionales que no solo puede identificar los problemas y necesidades de cada piel, sino que además son capaces de formular con sus propios conocimientos, mezclando los principios activos que más favorecen a cada cliente, otorgando un servicio realmente exclusivo y personalizado para cada persona.

B.M.: ¿Y el futuro de los cosméticos? ¿Será éste finalmente de los cosméticos ecos, naturales y 'bio'?
P.G.: Sí. La necesidad por la seguridad que quiere sentir el consumidor con respecto a los productos de uso tópico nos está empujando a elegir sólo productos naturales. Sin embargo esta simplificación no es del todo correcta, ya que muchas sustancias sintéticas son en determinados casos, más seguras que otras naturales, pero se entiende que un consumidor sin conocimientos técnicos tenga que recurrir a un certificado natural para sentirse protegido.

Lo que nos ocupa la mayor parte del tiempo actualmente es evaluar toda la nueva gama de conservantes y emulsionantes sustitutivos y de base natural que están apareciendo en el mercado para entender cómo formular con ellos.

B.M.: En este sentido, usted es famosa por haber desvelado los ingredientes cosméticos de las fórmulas de los productos para la belleza y destapar todos los componentes de las cremas que 'no sirven para nada', ¿tan engañados estamos?
P.G.: Parece que en la industria de la alimentación existe un consenso en cuanto a la mala calidad de los alimentos procesados. Todos estamos de acuerdo en que los alimentos procesados incluyen dentro de sus preparaciones ingredientes permitidos por la ley pero muy dañinos para la salud como es el caso de las grasas hidrogenadas, los edulcorantes o el glutamato. Además, todos estamos muy de acuerdo en los daños que estas sustancias pueden generar a la salud y al bienestar, tanto es así que los médicos están pidiendo eliminar esos alimentos de la dieta.
Ahora bien, en la industria de la cosmética se producen muchas veces esos mismos excesos: se utilizan sustancias que son innecesarias para la piel, que no aportan tratamiento, tan solo sensorialidad o protección a la fórmula pero que además tienen efectos perjudiciales comprobados. Siguiendo con la comparación, el efecto tóxico que puede tener un alimento sobre la salud de una persona es mucho menor que el efecto tóxico de un producto cosmético ya que el cuerpo humano está más preparado para 'deshacerse' de sustancias nocivas por la vía digestiva que por la vía tópica.
No es que estemos engañados, es que ha sido siempre un tema ignorado, pero siempre llega el momento en que alguien debe hablar de ello.

B.M.: En realidad, ¿cuánto contribuye una crema a la belleza entendida como antiaging?
P.G.: Puede hacer mucho, pero creo que las expectativas del consumidor pueden estar distorsionadas. Quitar las arrugas, eliminar la flacidez o blanquear la piel como resultados definitivos o que den resultados de un día para otro es algo que debemos dejarle a la medicina estética.
A la cosmética podemos pedirle un tratamiento de fondo, que mantenga los niveles óptimos de la piel, que actúe manteniendo la estructura óptima de lípidos, hidratación, factor natural de hidratación, actividad proteica, protección contra radicales libres y radiación solar... Si tratamos la piel correctamente con la cosmética tendremos menos signos del envejecimiento que tratar en un futuro.

B.M.: ¿Y qué lugar ocupan otro tipo de productos cosméticos destinados a determinados problemas o alteraciones de la piel como el acné, la grasa, la couperosis...? ¿Realmente existen fórmulas efectivas?
P.G.: Hay fórmulas cosméticas muy efectivas para tratar estas afecciones, y sobre todo en esta época en la que se está estudiando más a fondo cómo ciertas fórmulas cosméticas pueden actuar sobre la microbiota de la piel, cuyo desequilibrio es el principal responsable de problemas como acné, rosácea y otras alteraciones. Pero cuando las afecciones cutáneas no mejoran con un cosmético, es necesario recurrir a preparados medicinales de la mano de un dermatólogo.

El nuevo consumidor valora más la seguridad, quiere productos más sencillos, más individuales, es responsable con la naturaleza

B.M.: ¿Cuál es el tanto por ciento que ocupa en la fórmula del éxito de una crema cosmética las manos de la profesional y cuál el de la aparatología que potencia sus efectos?
P.G.: Me gusta dividirlo en 3/3. 1/3 para los productos cosméticos, 1/3 para el criterio de diagnóstico y las manos de la profesional. Y 1/3 para la aplicación de la aparatología idónea según cada necesidad.

B.M.: ¿El consumidor del siglo XXI es diferente al de finales del XX?
P.G.: Sí. El nuevo consumidor valora más la seguridad, quiere productos más sencillos, más individuales, es responsable con la naturaleza...

B.M.: ¿La mujer española se cuida más que otras, por ejemplo de Venezuela, de donde es usted oriunda, o países sudamericanos?
P.G.: Más mujeres europeas están aprendido a cuidarse en esta generación, a diferencia de nuestras madres o abuelas. Supongo que en aquellos años de guerra y postguerra tenían problemas más importantes como para estar pendientes del cuidado de la piel.
Las mujeres latinoamericanas tienen una culto a la belleza de cara y cuerpo más exacerbado. Desde pequeñas se nos enseña a cuidarnos la piel, a cuidar del cuerpo, y los cánones de belleza que debemos perseguir (a veces irreales y exagerados). Hoy en día ya comienzo a ver este esquema también en nuestra sociedad, la española, sobre todo en generaciones más jóvenes.
Ahora toca el turno a los hombres que también empiezan a entender que aunque su piel es más resistente, no pueden descuidarla. Y creo que en este sentido el hombre europeo le lleva ventaja al hombre latinoamericano que aún no ha llegado a este punto de conciencia.

Muchas sustancias sintéticas son en determinados casos, más seguras que otras naturales, pero se entiende que un consumidor sin conocimientos técnicos tenga que recurrir a un certificado natural para sentirse protegido.

B.M.: ¿Y en qué se diferencia en cuanto a consumo y cuidado de la piel Europa de USA?
P.G.: USA va por delante en cuanto a los conceptos de cosmética natural y un poco más allá con respecto a la responsabilidad social, ya no solo importa el origen natural u orgánico, sino también el impacto que estamos generando en el ambiente y en la sociedad. Los consumidores americanos están muy concienciados en consumir con el menor impacto posible.

B.M.: ¿Y de Asia, qué nos diferencia de Asia, cuna de las grandes revoluciones cosméticas?
P.G.: Son los pioneros, marcadores de tendencia y más importantes consumidores. No les importa demasiado el origen de las materias primas de los productos, sólo les interesa que éste sea eficaz, sus necesidades primordiales son despigmentar y controlar las pieles grasas. Comienzan a preocuparse del cuerpo con la misma fuerza que el rostro y son amantes de los productos de origen europeo o americano.

B.M.: Realmente, Asia, Corea en concreto, ¿es pionera en adelantos cosméticos?
P.G.: Corea marca tendencias, tiene una industria nacional inmensa en cuanto a marcas y opciones del mercado y son innovadores con las texturas, el packaging y la creación de nuevas necesidades. Sin embargo, personalmente sigo más enamorada de la cosmética japonesa, que aunque pasada de moda, marcó en mí un impacto muy profundo al momento de crear el concepto de Sepai.

B.M.: ¿Alguna otra diferencia reseñable en cuanto a los países donde exporta su marca?
P.G.: Nunca dejan de impresionarme los clientes alemanes por su conocimiento de los productos, los activos cosméticos y las sustancias no deseadas en la formulación. Son clientes muy informados.

La dermocosmética es el conocimiento de la piel, de sus afecciones y de las mejores soluciones que se puedan implementar para mantenerla en óptimo estado.

B.M.: ¿Y por qué España, concretamente Barcelona para dar inicio a su aventura?
P.G.: Aún sin haber estado nunca en Barcelona, desde que estudiaba en la universidad sabía que me establecería en esta ciudad. De eso hace 22 años, y creo que ha sido una decisión acertada.

B.M.: ¿Cuál es el momento por el que atraviesa ahora Paola Gugliotta?
P.G.: Lo que nos ocupa la mayor parte del tiempo actualmente es evaluar toda la nueva gama de conservantes y emulsionantes sustitutivos y de base natural que están apareciendo en el mercado para entender cómo formular con ellos, y cuáles pueden llegar a ser los beneficios para el consumidor.

B.M.: Su próximo reto...
P.G.: Sigo trabajando en desarrollar cosmética con color de base natural y que sea sensorialmente igual a la sintética..., muy difícil de conseguir.

B.M.: Su sueño aún no cumplido.
P.G.: Educar masivamente al consumidor sobre temas de cosmética, piel, sustancias, desmitificar paradigmas de la industria, y hacer que los consumidores razonen los conceptos por sus propios medios.









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