La belleza y la juventud eterna llevan preocupando al ser humano desde el principio de los tiempos.

Y es que, precisamente, en el pasado, algunos tratamientos para preservar a la piel y el cuerpo del paso del tiempo, más bien, conseguían lo contrario. Verdaderas torturas, tratamientos ciertamente extraños e inusuales que incluso, en ciertas ocasiones, derivaban en verdaderos estragos, resultando ser ciertamente, peligrosos.

Hoy, el centro Germaine Goya de Madrid y sus expertos, nos proporcionan los 8 tratamientos más locos y extraños de la Historia. Algunos, estamos seguros, te dejarán de piedra:

1) Modificaciones craneales. En la antigua sociedad maya, las cabezas deformes eran sinónimo de belleza. Cuando nacía un bebé, le aplastaban la cabeza con una tabla, especialmente si era niña, ya que eso le aseguraría una vida próspera por su belleza única.

2) Orina para los dientes. En la Antigua Roma, las clases altas de la sociedad estaban obsesionadas con la salud dental. La limpieza bucodental se basaba en productos compuestos por orina, ya que el amoníaco que contiene actuaba como desinfectante. Además, recomendaban la micción de los portugueses, curioso dato, no sabemos muy bien a qué atendía la elección, que llegó a convertirse en un producto de lujo por el que se pagaba cantidades desorbitadas de dinero.

3) Trozos de ternera para el cutis. Cleopatra, una de las musas de la belleza que nos ha dado la Historia, colocaba trozos de carne de ternera sobre la piel para mantenerla tersa y libre de flacidez.

4) Unicejo. En Grecia, tener un entrecejo poblado era un símbolo de belleza. Las personas que no poseían el vello suficiente, lo pintaban o se adherían pelo de animal a la piel. Otro de los deseos de los griegos por alcanzar la divinidad era ser poseedor de unos labios frondosos, algo que no resultaría extraño en la actualidad, salvo que, como técnica, utilizaban espinas de rosas o pinchazos de abeja para conseguir más volumen.

5) Ni cejas, ni pestañas. En la Edad Media, las mujeres que lucían largas pestañas y cejas definidas, eran prostitutas. Por ello, el resto solía llevarlas muy cortas o las retiraban por completo. Además de ser dolorosísimo, solía provocar heridas e infecciones oculares.

6) Depilación con arsénico. En el siglo XVI, tener una piel tersa y suave ya era un sueño para casi todas las mujeres. Utilizaban una pasta depilatoria hecha de arsénico, lima y cal, creada por los boticarios de la época y sin control sanitario. Unos años después pasaron a depilarse con papel de lija.

7) Estiércol de gato y vinagre para el pelo apagado. Las mujeres del Renacimiento daban mucha importancia a tener una melena brillante y suave. Utilizaban esta, nada agradable, fórmula, para hacer “revivir” su pelo. Para lograr el cabello dorado ansiado de la época, recurrían a mezclas de azufre, cebolla y otros componentes.

8) Mascarilla de plomo. En la época victoriana, se concebía que la nobleza y las personas de la alta posición social debían tener la piel lo más blanca posible, ya que la tez oscura se relacionaba con los trabajos forzosos al sol. Para ello, utilizaban compuestos de plomo, óxido y carbonato de calcio para conseguir el efecto porcelana. Esta clase de elementos tóxicos producían irritaciones, hinchazones, calvicie e, incluso, podían llegar a producir la muerte por intoxicación.









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