Durante más de 10 años, David Molina compartió espacio y un sinfín de horas de trabajo con famosos de la pasarela, el cine y la televisión. Sin dejar de lado esta faceta, fundó su propia agencia hace cuatro años. Molina, maquillador de vocación y, ahora también empresario, sigue explotando su faceta artística. En la actualidad, experimenta con colores y productos. Y siente la necesidad de transmitir sus conocimientos a través de cursos formativos. Para Molina, maquillador oficial de la firma Astor, el peso del maquillaje es de tres de cuatro partes en el look de una mujer. "Me gusta la mujer femenina, pero no llamativa. Existe una delgada línea que separa lo bonito de lo ordinario", puntualiza.

Beauty Market: Acabas de recibir el premio de honor en el Congreso Internacional de Belleza de Polonia, Beauty Industry Icon. ¿Qué ha supuesto este reconocimiento para ti?
David Molina: La verdad es que no me lo esperaba. Era algo que no entraba en mis objetivos y tampoco en mis metas. No es habitual que se premie a un maquillador en un país que conoce poco. Desconocía que seguían mi trabajo de esta manera y que tenía seguidores allí. Yo viajé a Polonia con la intención de dar una conferencia. Y de repente, me hallo en una sala, junto a 800 personas, y donde recibo un premio sorpresa. Ha sido una experiencia muy bonita. Te llena de orgullo y emoción. Supongo que eso le sucede a cualquiera al que le reconozcan su trayectoria profesional con 40 años.
Al día siguiente participé en una conferencia a la que asistieron casi 400 personas. Después me hicieron fotografías, me pidieron autógrafos... Una de las pocas veces en las que he estado delante de la cámara.

B.M.: De estar normalmente entre bambalinas pasaste a ser el protagonista de la noticia. ¿Cómo viviste ese momento?
D.L.: Pues sentí mucho respeto. Yo trabajo con celebrities. Estoy acostumbrado a estar detrás de la cámara, al lado de algún famoso/a. Pero no suelo exponerme ante los medios de esa manera. Al final, todo salió bien. Y estoy muy contento.

B.M.: Con una experiencia de 24 años entre pinceles, ¿qué balance haces de tu carrera?
D.L.: Ha sido una trayectoria evolutiva. Con el tiempo ha ido a más. Llegué a Barcelona con 20 años para estudiar en la mejor escuela: el Stik Art Estudio. Finalizados los estudios, mi mentora, Corinne Pérez, me promocionó para Christian Dior porque hablaba francés. A partir de ahí enlacé una experiencia con otra. Trabajé dos años en Versace y 10 más en Givenchy. A día de hoy, he fundado mi propia agencia de maquilladores: D&M. También me involucro en el desarrollo de líneas de maquillaje. Y soy maquillador oficial de la firma Astor. Con ellos, colaboro en un proyecto para relanzar una marca que había quedado estancada. Todo un reto.
No dejo de aprender, un día tras otro. Y lo que aprendo me sirve para crecer a nivel profesional y personal. En ese sentido, la vida me ha sonreído, aunque no me ha regalado nada.

B.M.: Fuiste un pionero. Empezaste a trabajar como maquillador justo cuando el sector empezaba a despuntar, en el año 1996.
D.L.: Sí. Coincidí con la época del boom de los maquilladores y las firmas. Y eso me catapultó. Tampoco existía la figura del maquillador. Sin embargo, las firmas se dieron cuenta del potencial masculino en sectores como el peluquero y el maquillaje. Y lo explotaron desde el punto de vista comercial. Ya no se trataba del buen gusto que tuviera el profesional, sino de la imagen que vendía.

B.M.: Firmas como Dior, Versace y Givenchy. En esta última trabajaste 10 años. ¿Cómo recuerdas esa época?
D.L.: Desde niño, mi familia me inculcó que estudiara idiomas. Yo hablo cinco idiomas. Y esto siempre me ayudó mucho. Ya fuere cuando trabajaba en la productora, a la hora de contactar con fotógrafos y modelos internacionales o en cualquier producción de moda. Y por supuesto, durante mi etapa de maquillador en Christian Dior, Versace y Givenchy. Mi experiencia en Versace fue muy buena, aunque trabajar con Donatella es complicado. Lástima que el tema del color no cuajó: eran tonos muy bonitos. Como maquillador de las pasarelas de Italia y España, empecé a trabajar con top models como Gisele Bundchen, Heidi Klum y Naomi Campbell, entre otras.

En Givenchy habían lanzado la línea de maquillaje Miroir, coincidiendo con la contratación de Alexander Mc Queen. Y ahí comencé mi andadura en la empresa. Alexander Mc Queen fue una revolución dentro de la maison de la alta costura, pero no encajaba el tema del make-up. Así pues, contrataron a otro director artístico: Nicolas Degennes, uno de mis mentores. Un hombre sumamente creativo que me enseñó mucho. Y con él se creó Le makeup, que fue y sigue siendo la línea maravillosa de Givenchy. Empecé a compartir sesiones fotográficas y presentaciones con celebrities como Victoria Beckham, Ashton Kutcher, Kevin Costner y Liv Tyler.
Diez años después nuestros caminos profesionales se separaron. Y decidí fundar mi propia agencia DM, coincidiendo con el inicio de la crisis en este país.

B.M.: Eres maquillador oficial de Astor. Y además te apasionan los colores: tocar materia prima, crear matices dentro de un mismo tono, aportar luz... una faceta muy creativa, vinculada a la estética. ¿Crees que moda y estética van de la mano?
D.L.: No. Y es una pena. Porque el sector de la estética está ávido de conocimientos vinculados a la moda. Existe un filón, aunque la gente aún no se ha dado cuenta. Belleza y moda se han separado mucho. Y yo creo en la mujer real. La mujer que trabaja, con hijos, y que además se cuida. Eso sí es digno de admirar.
La modelo es muy bonita: un lienzo. Pero no es real. Y a mí me encanta enseñar mis trucos a las mujeres que están en el salón. Que vean cómo se hacen unos ojos ahumados. O cómo se colocan unas pestañas. Yo lo llamo 'de la pasarela a la calle'.

B.M.: ¿Cuáles son tus proyectos más inmediatos?
D.L.: Soy el maquillador oficial de Astor en España. He trabajado con la top Heidi Klum, embajadora de la marca en Los Ángeles. Ella asume una parte creativa: la de desarrollo de producto. Yo también, no hace mucho, estuve en la fábrica de Astor, en Mónaco. Allí desarrollé una prebase de maquillaje o primer. Éstas se aplican antes del maquillaje. Ahora, ya está en marcha un lanzamiento para la primavera-verano que revolucionará el segmento del labial. Se trata de algo que toda mujer desea y aún no ha conseguido. Pero no puedo decir nada más.
En abril impartiré cuatro cursos de formación en Polonia. Me siento agradecido de que vuelvan a contar conmigo.

B.M.: ¿Qué es lo que más te gusta de tu trabajo? ¿Y lo que menos?
D.L.: Me encanta trabajar con color. Me apasiona la belleza, la feminidad. Y me gusta la moda. Mi trabajo lo tiene todo. Lo que detesto es la gente que desprecia el trabajo de los demás, que menosprecia aquello a lo que se dedica el maquillador. He oído comentarios de profesionales del sector, fotógrafos por ejemplo, tales como: "Total, pinta una cara". Nada de eso. Un pintor pinta un cuadro. Y trabaja sobre un plano. Un maquillador "pinta" sobre volúmenes. Es muy difícil crear volumen sobre volúmenes que ya existen.

B.M.: ¿Cómo te ves dentro de cinco años?
D.L.: Eso es algo que no me planteo. La pregunta adecuada sería "cómo no me quiero ver". Estancado. Lo tengo claro: quiero seguir evolucionando.

B.M.: Y ya para acabar, ¿el maquillador nace o se hace? ¿O las dos cosas?
D.L.: Nace, desde luego. Si no tienes la parte creativa ni la sensibilidad necesaria, no puedes ser maquillador. Ni peluquero. Ni pintor. La faceta artística se lleva dentro. Y con eso se nace.









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