"Una visión de una idea
sin la capacidad de ejecución es
únicamente una alucinación".
Steve Case, inversor y empresario famoso
y multimillonario. Honolulu, Hawai (1958).

Mira que lo querías y le dijiste una y mil veces a tu madre: "Mamá, lo que yo quiero ser es peluquero (o peluquera)", es decir, artista. Y lo hiciste, y como la mayoría, unos antes y otros después, por regla general, abriste tu propio salón de peluquería. Y aquí estás, pensando, dándole vueltas... ¿Es esto lo que yo soñaba, lo que yo quería?

Las cifras apuntan a cierta estabilidad en los salones, aparcados atrás los embates más crudos de la crisis. La peluquería profesional ha disfrutado en 2017 de un incremento del 2,3%, según los últimos datos de Stanpa. Aunque ésta no escape a un hecho constatado, mientras unos abren, otros cierran, dinámica de la que parece que la peluquería en general no pueda deshacerse.

Lo que no pensaste cuando querías ser peluquero (a) es que tu salón no es sólo cuestión de pelos, sino de negocio. Crear, sostener y proyectar empresa es tu principal objetivo y responsabilidad como trabajador en tu caso. Y eso es tarea del marketing. Asignatura de la cual, y por desgracia en nuestro país y en la industria que nos ocupa, andamos ciertamente escasos.

Así que nada mejor que apuntar en nuestro diario, y dada la cercanía del nuevo año, el propósito prioritario del próximo ejercicio, dirigir nuestro negocio como tal, lo que es, una empresa en la que los ingresos han de superar a los gastos. Números, ideas y estrategias en convivencia con peines y tijeras.

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¿Te consideras empresario además de peluquero?

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