En el conjunto del emprendimiento, las mujeres siguen percibiendo menores ingresos que los hombres, pese a una presencia creciente y una actividad económica real, según un estudio de la CPME. Este desequilibrio también se reproduce en el sector de la belleza, a pesar de estar ampliamente feminizado.

La peluquería, los cuidados corporales y los servicios personales concentran una paradoja económica: las mujeres son ultra mayoritarias entre los trabajadores autónomos, pero sus ingresos individuales siguen siendo inferiores a los de los hombres, incluso a igualdad de actividad, según subraya un estudio inédito de la Confederación de Pequeñas y Medianas Empresas (CPME).

Aunque las mujeres son claramente visibles en los indicadores macroeconómicos y en la vitalidad de los servicios de proximidad, esta dinámica no les garantiza un nivel de ingresos individuales equivalente.

Las cifras destacadas por la organización empresarial son elocuentes. En estos oficios, las mujeres representan el 78% de los trabajadores autónomos —excluido el régimen de microemprendimiento— y el 82,6% de las microemprendedoras. En conjunto, estas profesionales generaron 1.930 millones de euros en ingresos durante 2023.

En definitiva, aunque las mujeres son claramente visibles en los indicadores macroeconómicos y en la vitalidad de los servicios de proximidad, esta dinámica no les garantiza un nivel de ingresos individuales equivalente. Otra disparidad llamativa es que, dentro de las denominadas “otras actividades de servicios”, que incluyen la peluquería y los cuidados estéticos, ellas dirigen un gran número de empresas, pero concentran una proporción sensiblemente menor del volumen de negocio que los hombres.

Un peso real, ingresos más bajos

El caso de la peluquería y los cuidados corporales se inscribe en una tendencia más amplia observada entre el conjunto de las trabajadoras autónomas en Francia. Según los datos utilizados por la CPME, las mujeres representan el 42% del total de trabajadores independientes. Su contribución económica directa se estima en 34.000 millones de euros anuales, lo que equivale aproximadamente a un tercio de la riqueza generada por este colectivo.

Sin embargo, a igualdad de actividad, las diferencias de ingresos entre mujeres y hombres persisten. Según los sectores, estas brechas oscilan entre el -28% y el -32%, especialmente en ámbitos como la salud, los servicios y el comercio. En el caso de las microemprendedoras, pese al marco simplificado, el diferencial sigue siendo del -13%, de acuerdo con los datos de la Urssaf.

A escala empresarial, el desequilibrio también se confirma. Considerando todas las dimensiones, las empresas dirigidas por mujeres representan el 26% del total, pero solo generan el 12,45% de la cifra de negocio en este perímetro.

Empresas infrafinanciadas

El estudio pone de relieve otro paradoja: a pesar de registrar un volumen de negocio inferior, las empresas lideradas por mujeres presentan, de media, 1,8 puntos porcentuales más de margen bruto. Su rentabilidad global es comparable —e incluso en algunos casos superior— a la de las empresas dirigidas por hombres. La conclusión es clara: el problema no es emprender, sino poder crecer.

En este sentido, la CPME señala la existencia de frenos estructurales en el acceso a la financiación. El 52% de las mujeres empresarias considera difícil obtener financiación, 13 puntos por encima de la media europea. Además, los importes concedidos son menores: un 25% menos en el caso de las microempresas y un 7% menos en las pequeñas y medianas empresas, con una tasa de rechazo casi el doble de elevada.

En el ámbito del capital riesgo, la brecha es aún más acusada. Los equipos formados exclusivamente por mujeres solo captan el 1% de los fondos, frente al 88% destinado a equipos masculinos. El ticket medio asciende a 4 millones de euros, frente a los 17 millones de euros de los proyectos liderados por hombres, lo que supone una diferencia del -77%. Unos desequilibrios que frenan directamente el crecimiento, cuando, paradójicamente, a igualdad de capital invertido, las start-up dirigidas por mujeres generan un 10% más de ingresos en un periodo de cinco años.









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