La piel no es solo un lienzo estético, sino un reflejo funcional de nuestro organismo. Problemas como la rosácea o la piel sensible suelen abordarse de manera superficial, buscando calmar la apariencia sin mirar lo que realmente los provoca.

Yvette Pons, especialista en bioestética funcional y enfoque integrador, nos explica cómo estas alteraciones son, en realidad, la expresión visible de desequilibrios en sistemas interconectados como el nervioso, el inmunológico y el vascular. En esta entrevista, Pons revela por qué comprender la piel desde un enfoque funcional y estructural puede cambiar radicalmente la manera de tratarla, tanto para profesionales de la estética como para quienes buscan cuidar su piel de forma consciente.

La piel es el espejo de un desequilibrio

Durante años, la rosácea y la piel sensible se han tratado como alteraciones exclusivamente cutáneas. ¿Por qué este enfoque se queda corto?
Yvette Pons: La piel no funciona de manera aislada. Es un órgano neuroactivo, inmunológicamente competente y vascularmente dinámico. Cuando vemos enrojecimiento, irritación o sensibilidad, estamos observando la manifestación visible de un desequilibrio que ocurre en otros niveles. Atender solo el síntoma suele generar mejoras temporales, pero no resuelve la causa.

Yvette Pons.

¿Qué es exactamente la inflamación crónica de bajo grado en la piel?
Yvette Pons: Es un estado inflamatorio que modifica la barrera cutánea, hace hiperreactivas las terminaciones nerviosas y reduce la tolerancia de la piel frente a estímulos cotidianos. Por eso muchas personas sienten que su piel “reacciona a todo”. No es que la piel falle, es que funciona en un contexto inflamatorio sostenido.

¿Qué diferencia la rosácea de otras alteraciones cutáneas?
Yvette Pons: La rosácea combina hiperreactividad inmunitaria y un componente neurovascular marcado. Se observa flushing (episodios de enrojecimiento brusco), disestesias (ardor, escozor, quemazón u hormigueo) y vasodilatación exagerada. La piel vive en un estado de alerta constante, amplificado por el sistema nervioso y la microcirculación. Si no se interviene en el contexto que lo genera, la inflamación persiste.

¿Por qué la piel del rostro suele ser uno de los primeros lugares donde se expresa el desequilibrio del organismo?
Yvette Pons: Porque el rostro es una zona especialmente sensible desde el punto de vista nervioso y vascular. Tiene una microcirculación muy activa y una gran densidad de terminaciones nerviosas, lo que hace que responda rápido a cambios internos como el estrés, la inflamación o las alteraciones circulatorias. Por lo tanto, cuando el organismo pierde equilibrio, la piel del rostro suele ser uno de los primeros tejidos en mostrarlo.

¿Qué relación tienen la postura y la tensión muscular con la piel del rostro?
Yvette Pons: La rigidez fascial y la biomecánica craneocervical influyen en la circulación, el drenaje y la oxigenación del rostro. La tensión sostenida genera congestión funcional y microentornos inflamatorios. Además, el sistema nervioso regula estas tensiones: un tono simpático elevado por estrés amplifica la reactividad de la piel.

¿Qué errores comunes se cometen al tratar la rosácea desde la estética?
Yvette Pons: Lo primero es recordar que la rosácea es una condición médica, y muchas personas llegan a la esteticista después de un recorrido largo en el que no se han sentido escuchadas o no han conseguido mejoras reales. El error aparece cuando se intenta “resolver” la rosácea solo desde la piel, sin tener en cuenta el contexto inflamatorio y funcional que la sostiene, donde influyen también la alimentación, el estilo de vida, la gestión del estrés y factores cotidianos como la exposición solar, los alimentos picantes, el tabaco o el alcohol, que pueden amplificar la reactividad de la piel. Otro error frecuente es sobreintervenir, aplicando demasiadas técnicas o estímulos con la intención de ayudar, cuando en realidad la piel necesita regulación, coherencia y respeto. En estos casos, acompañar bien a la piel, desde los cuidados, los hábitos y el trabajo profesional, suele ser más eficaz que intentar corregirla.

La esteticista puede regular el tejido mediante técnicas manuales conscientes, favorecer drenaje y oxigenación y acompañar la piel sin sobreestimularla.

¿Qué diferencia hay entre reducir el síntoma y tratar la causa?
Yvette Pons: El síntoma inflamatorio es una señal de alarma. Silenciarlo alivia, pero no cambia el contexto que lo genera. Intervenir sobre el sistema implica restaurar la autorregulación: reducir la inflamación basal, mejorar la circulación, disminuir la hiperreactividad nerviosa y liberar tensiones en el tejido.

¿Qué aporta este enfoque a la esteticista profesional?
Yvette Pons: Permite leer la piel como un sistema, no solo aplicar protocolos. La esteticista puede regular el tejido mediante técnicas manuales conscientes, favorecer drenaje y oxigenación y acompañar la piel sin sobreestimularla.

¿Y qué puede esperar el consumidor final?
Yvette Pons: Comprensión, menor reactividad, más confort y estabilidad. No promesas milagrosas, sino un acompañamiento que permite a la piel recuperar su capacidad de autorregulación.









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