Si a los caudillos árabes de Al-Andalus siempre se les ha considerado cuidadosos con su aspecto y con la higiene, y se les ha atribuido un gran uso de cosméticos sobre todo en el harén, a los reyes cristianos medievales se les ha identificado por todo lo contrario. Sin embargo, durante los trabajos de restauración de las tumbas reales realizadas en el Monasterio de Santes Creus (Tarragona), los investigadores del Museo de Historia de Catalunya han descubierto varias curiosidades de la nobleza medieval.

Tras analizar los restos de Pere II el Gran, Jaume II el Just y Blanca de Anjou, se ha constatado, entre otras cosas, que estos reyes utilizaban cosméticos y tintes para el pelo.
Por diferentes documentos de la época se sabía que en esa época ya se usaban cosméticos y se teñían el pelo, pero se desconocía que lo hicieran los reyes, y menos aún el porqué, aunque se barajan ciertas hipótesis.

Los análisis realizados a Pere II el Gran o Pedro III de Aragón (1240-1285), indican que era un hombre muy alto para la época (casi 1,80 m), con una cara de tipo alargada y que sufrió una enfermedad infecciosa pulmonar, seguramente tuberculosis, aunque no se puede saber si esta enfermedad le produjo la muerte.

Pere II era hijo del rey Jaume I. Según su cronista oficial, Bernat Desclot, Jaume era el hombre más bello del mundo. Con una estatura mucho más alta que el resto de sus conciudadanos, su figura se presentaba majestuosa, con unos dientes muy blancos y cabellos rubios que, según Desclot, parecían hilos de oro.
Su hijo Pere, aunque heredó una gran estatura, salió moreno, el cabello común de sus súbditos. Por ello quizás optó por teñirse el cabello de rubio, y mantener así la aureola de los reyes altos y rubios que destacan sobre el pueblo llano.

Según se ha descubierto en la investigación, y gracias al análisis químico de restos de pelo del monarca, el producto usado para la coloración es apigenina genisteina, una sustancia que se obtiene de las flores amarillas de la retama y que se utilizaba para teñir de rubio los cabellos.
La misma sustancia se ha encontrado en el pelo de la reina Blanca de Anjou (1267-1310), hija de Carlos de Anjou y esposa de Jaume II el Just o Jaime II de Aragón (1267-1327). Además de teñirse el pelo, también se ha descubierto en su cara restos de ácido carmínico, que seguramente habría usado como maquillaje facial.

Las investigaciones han revelado que Blanca de Anjou murió por complicaciones después de un parto, como bien se suponía por los documentos oficiales de la época. El gran valor de estas investigaciones radica en que el acceso y análisis a los restos mortales de los reyes medievales no es fácil de conseguir. Aparte de las restricciones de las casas reales, la mayoría de ellos han sido destruidos a lo largo de la histora.

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