"La IA no sustituirá a los humanos. Los humanos que utilizan IA sustituirán a los que no la utilizan."
Sam Altman, empresario tecnológico y CEO de OpenAI.
La inteligencia artificial ha entrado en la belleza. Puede analizar imágenes, generar propuestas, crear contenidos, organizar información y ayudar a personalizar determinadas experiencias. Pero hay algo que todavía no puede hacer: coger unas tijeras, tocar un cabello y sentir cómo responde. Y quizá ahí esté una de las grandes oportunidades para la peluquería profesional.
Durante años hemos pensado que la tecnología podía restar valor al oficio. Hoy deberíamos plantearlo de otra manera. La tecnología puede hacer más valioso el oficio cuando elimina tareas que consumen tiempo y permite al profesional concentrarse en aquello que realmente aporta valor.
La IA puede generar cien ideas de corte. El peluquero sabe cuál tiene sentido para una persona concreta. Puede sugerir un color. El colorista sabe si ese cabello puede soportarlo. Puede escribir una publicación para Instagram. El profesional es quien conoce a sus clientes y sabe qué conversación quiere mantener con ellos.
Por eso, el futuro no debería enfrentar inteligencia artificial e inteligencia profesional. La verdadera cuestión será saber qué debemos delegar en la tecnología y qué debemos preservar como esencia del oficio. Porque en una profesión basada en la técnica, la creatividad y la confianza, la herramienta puede cambiar. La pantalla puede cambiar. El salón puede cambiar. Pero al otro lado del espejo seguirá haciendo falta una persona.
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