Donald Trump, presidente de los Estados Unidos, padece el síndrome del cabello impeinable (SCI) o Pili trianguli et canaliculi, en latín. Una anomalía genética, de carácter hereditario, que se desarrolla a partir de los tres meses de edad. Esta anomalía convierte cualquier cabellera en una maraña de pelo imposible de peinar. Aun así, Trump suele aparecer con una imagen pulida, peinado al milímetro. ¿Cómo lo consigue? Rodeándose de buenos estilistas. Durante cerca de 30 años, el responsable de semejante look impecable fue el barbero Adrian Wood, quien había trabajado en la neoyorquina Barber Shop Paul Molé, la barbería familiar más antigua de Nueva York. Ahora, Wood ha roto su silencio y ha revelado algunas de las manías y exigencias del mandatario estadounidense.

Barbero de Trump en los años 70

Wood, conocido por haber peinado a famosos como los desaparecidos John Lennon y John F. Kennedy y el actor Michael J. Fox, se convirtió en barbero del entonces magnate Trump durante los años 70. En aquella época, el futuro presidente de los Estados Unidos, ya estaba obsesionado con su cabellera, siendo uno de los clientes más picajosos de la Barber Shop Paul Molé.

A lo largo de casi tres décadas, Trump acudió con frecuencia al local de Wood. El barbero ha revelado que el magnate exigía que se cumplieran, al milímetro, sus instrucciones sobre el corte de cabello que le debían hacer. Wood asegura que las exigencias del ahora mandatario se parecían a las órdenes que se daban en cualquier campamento militar.

Donald Trump acudía al local de Adrian Wood sin cita previa, daba instrucciones sobre el corte de cabello que le debían hacer y una vez acabado repasaba el acabado un montón de veces ante el espejo.

Además, el barbero, en declaraciones al New York Post, hace referencia a la obsesión de Trump con su melena, descartando cualquier sugerencia por parte del barbero. La creatividad y la imaginación quedan descartadas a la hora de cortarle el cabello a Trump.

Agradecido con Trump

Wood también ha declarado que el magnate acudía a su local sin cita previa, acompañado de guardaespaldas y en una ostentosa limusina. Finalizada la visita, Trump repasaba su corte de pelo un montón de veces ante el espejo.

A pesar de sus manías, Wood tiene palabras de agradecimiento para el mandatario. Parece ser que Trump le aconsejó situar el negocio en el segundo piso, dejando la planta baja que ocupaba hasta la fecha. Esta medida le permitió ahorrar costes de alquiler, lo que redundó en un mayor beneficio y éxito en esta barbería neoyorquina centenaria.









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